Baltimore Orioles: Historia de los equipos MLB

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Baltimore Orioles

Esta vez nos toca hablar de un equipo que tenía que recurrir a los actos promocionales más inverosímiles para atraer público al estadio; pero que, al cambiar de ciudad, supo por fin lo que era no vivir continuamente en los sótanos de la liga y tener un equipo plagado de Hall of Famers, y que, ya en los 90, revolucionó el diseño de los estadios al construir uno de los más bonitos de la historia. Nos vamos a Maryland para hablar de los Baltimore Orioles.

 

Nombres del equipo

  • Milwaukee Brewers (1894-1901): Los Brewers eran un miembro de la Western League, una liga menor que para la temporada 1901, y ya con el nombre de American League, decidió no respetar el National Agreement que le ataba a su status de Minor League y se autoproclamó Liga Mayor de la mano de Ban Johnson. En medio de una intensa actividad de fundaciones y relocalizaciones con el objetivo de competir cara a cara con la NL, los Brewers y los Detroit Tigers fueron las únicas franquicias de la WL que disputarían la edición inaugural de la Americana como Liga Mayor. El nombre hace referencia a la gran cantidad de fabricas de cerveza que había en la zona y ha sido una constante entre los equipos de la ciudad, incluyendo los que tenemos hoy en día y el equipo de Liga Menor que que se fundó después y que se mantuvo hasta que llegaron los Braves siendo considerado uno de los más existosos de la historia.
  • St. Louis Browns (1902-1953): Finalmente, y tras solo un año con status de Major Leaguer, la franquicia se mudó a St. Louis para competir con los Cardinals. De hecho, el nombre de Browns está tomado de los propios Cardinals que empezaron a jugar en la década de 1880 con ese mismo nombre. En sus 50 años en Missouri, el club fue uno de los más calamitosos de la historia del deporte y vivieron siempre a la sombra de sus vecinos pese a contar con grandes nombres como George Sisler, Goose Goslin, Heinie Manush o Urban Shocker en el terreno de juego y Branch Rickey o Bill Veeck en las oficinas. En realidad, el estado del club era tan malo, que la labor de Veeck, más que en atraer jugadores, se centro en atraer gente al estadio vacio mediante los más locos eventos promocionales.
  • Baltimore Orioles (1954-Presente): Finalmente, lleno de deudas y con un estadio vacio, Veeck tuvo que vender el equipo y los nuevos dueños se lo llevaron a Baltimore. Allí el club tomó el nombre de Orioles (el pájaro oficial del estado de Maryland), denominación también con mucha tradición en la zona: un potentísimo equipo que contaba con Willie Keeler y John McGraw en la NL en el siglo XIX, otro equipo en AL en los dos primeros años de ésta como Liga Mayor y otro equipo en las Ligas Menores entre 1903 y 1953 en el que jugó Babe Ruth antes de fichar por los Red Sox. Las tornas pronto cambiarían en Baltimore ya que sería una de las franquicias más punteras de la competición durante mucho tiempo de la mano de una larga serie de Hall of Famers que incluían a Earl Weaver, Brooks Robinson o Cal Ripken Jr.

Estadios del equipo

  • Lloyd Street Grounds (1895-1901)
  • Sportsman´s Park (1902-1953): Cuando los Browns se mudaron a St. Louis construyeron un pequeño estadio de 8000 espectadores y estructura de madera en el lugar en que había estado el ballpark en el que habían jugado los Browns originales (renombrados luego como Cardinals). Para finales de década sucumbieron a la moda del acero y construyeron un estadio de ese material para 18000 espectadores y que con el tiempo iría viendo como se le añadían gradas para aumentar su capacidad a 30500. En 1920 los Cardinals se mudaron al recinto y se convirtieron en inquilinos de los Browns (aunque sería la única cosa en la que estarían a merced de sus vecinos) hasta 1953 cuando se lo compraron a un Bill Veeck que no podía pagar los costes de mantenimiento.
  • Memorial Stadium (1954-1991): Los nuevos Orioles se mudaron a un estadio pensado originalmente para sus homónimos de las Menores y al que se le hicieron algunas modificaciones cuando se supo que finalmente acogería a una franquicia de la mejor liga del mundo. Inicialmente proyectado para 31000, llegó a albergar más de 54000 espectadores. El estadio vería los años de gloria del club, incluyendo 6 apariciones en las Series Mundiales (sólo han tenido una más, en 1944 como St. Louis)

 

Oriole Park at Camden Yards / (ballparksofbaseball.com)
  • Oriole Park at Camden Yards (1992-Presente): Cuando los Colts de la NFL se marcharon de la ciudad, el ayuntamiento decidió que era hora de construir un nuevo estadiopara asegurarse de que los Orioles no se irían tambieén (aunque en un primer momento se pensó en hacer un estadio multiusos para atraer otro equipo de football). Se contrató a la firma HOK para el dieseño y crearon esta maravilla que desató la moda retro con su fachada de ladrillo, dejando en el pasado las instalaciones circulares pensadas para albergar varios deportes. Se construyó en el lugar en el que estaba el bar del padre de Babe Ruth y aprovechó elementos de la ciudad como el B&O Warehouse. Con sus 45000 espectadores ha visto grandes hitos del deporte como el record de partidos consecutivos de Cal Ripken Jr. El impacto del estadio fue tal que los ingresos que se generaron por el boom de asistencia ayudaron a pagar los salarios de las plantillas llenas de All Star que tuvo el club en los 90. Sin embargo, cuando una ciudad tras otra (desde entonces se han construido unos 21 estadios y prácticamente todos han utilizando elementos de éste) iban copiando el modelo, la novedad se pasó, diminuyendo el número de gente que pasaba por taquilla y, por tanto, el dinero disponible para contrataciones. Aun así, sigue siendo uno de los estadios más admirados de toda la Liga.

Títulos de las World Series

  • 1966: En su segunda aparición en el Clásico de Otoño (la primera fue en 1944, aún como los Browns) los Orioles por fin se alzaron con el título. Para ello sólo tuvieron que estar en la parte positiva de uno de los traspasos de los que más se ha arrepentido un equipo en la historia. Para la temporada 1966 el dueño de los Reds, Bill DeWitt, consideró que, Frank Robinson era “un viejo de 30 años” y lo traspasó. Normal, al fin y al cabo Robinson tan sólo había logrado un premio a Rookie del Año, 1 MVP, 1 Gold Glove y había sido 6 veces All Star, además de lograr más de 30HR 6 veces, incluyendo 33 en 1965 con un promedio de .298. La respuesta del jugador fue contundente: la Triple Corona de la NL bateando para .316, 49 HR y 122RBI. Añadiendo a eso la ayuda de gente como Brooks Robinson, Boog Powell (2º y 3º respectivamente en la votación del MVP), Luis Aparicio, Jim Palmer o Doug McNally, el equipo logró 97 victorias y se llevó con facilidad el banderín de la Liga Americana. Frente a ellos en la postemporada estaba nada menos que la dupla de Don Drysdale y Sandy Koufax, pero los de Maryland no sólo les superaron si no que barrieron a sus Dodgers. Frank Robinson diría que ese primer año en Baltimore había sido “material de Hollywood, material de fantasía”
  • 1970: Unos estratosféricos Orioles en su máxima plenitud (y prácticamente con el mismo bloque central que en 1966) arrasaron en su división con 108 partidos ganados antes de barrer a los Twins en la ALCS y pasar por encima de los Reds en las World Series, batiéndoles por 4 a 1. Ésta vez sería Boog Powell el que se llevaría el MVP de la temporada regular y en las World Series llegó el turno del otro Robinson, el third baseman Brooks, de llevarse el protagonismo y el MVP de la serie final, en parte por su labor con el bate (.428, 2 dobles, 2HR y 6RBI), pero sobre todo por su labor defensiva, que privó de múltiples hits a los de Cincinnati con una jugada asombrosa tras otra.
  • 1983: Con un roster casi completamente nuevo (Jim Palmer seguía en él, pero su presencia estuvo muy limitada por las lesiones) y en el primer año desde 1967 sin Earl Weaver en el banquillo, los Orioles pusieron punto y final a su época dorada con un nuevo título de campones del mundo. Una vez más, el título vino precedido de un MVP de la temporada regular para uno de los miembros del equipo. En esta ocasión el premio fue para un shorstop de segundo año que a lo largo de los próximos años se iría ganando su entrada en los libros de historia partido a partido. Hablamos de Cal Ripken Jr. que acabó con registros de .318, 211H, 47 dobles, 27HR y 102RBI. El segundo puesto en la votación también fue a parar a los Orioles, más concretamente a su primera base, Eddie Murray que bateando .306 con 33HR y 111RBI complementaba perfectamente a Ripken. A ellos se unieron Scott McGregor, Storm Davis y Mike Boddicker desde el montículo para sumar 98 victorias y llevarse la divisón antes de ganar 3-1 a los White Sox en la ALCS y 4-1 a los Phillies en la Series Mundiales.

Mejor época

Los Orioles celebran su victoria en las World Series de 1966 (Baltimore Sun)d

Es bastante sencillo determinar cuál es la mejor época de la historia de la franquicia de Maryland. En las últimas 3 décadas a los O´s les ha tocado ver como los pesos pesados de su división (Yankees y Red Sox) e incluso los Blue Jays alcanzaban el cetro mundial varias veces mientras ellos se quedaban en un discreto segundo plano con sólo 2 títulos de división y un total de 5 apariciones en Playoffs sin llegar núnca al Clásico de Otoño. Por otra parte, todos sus años en St. Louis son todo lo contrario a lo que se podría considerar un éxito. La única excepción sería el banderín de la AL que lograron en 1944, pero más que una cuestión de calidad fue una cuestión del momento histórico. En plena 2ª Guerra Mundial la mayoría de equipos habían visto como sus mejores jugadores se presentaban voluntarios o eran reclutados para servir en el ejercito haciendo disminuir enórmemente la calidad la competición. En esa situación, los Browns pudieron mantener a varios jugadores y superar a sus rivales plagados de gente rechazada del servicio militar, excesivamente joven, excesivamente mayor o, simplemente, de mala calidad, para pisar el béisbol de postemporada por primera vez. Sin embargo, el otro equipo de la ciudad, los Cardinals, también había podido retener a muchos jugadores, incluyendo a Stan Musial, y fueron demasiado para unos Browns que perdieron 4-2 y su única oportunidad de ser Campeones del Mundo en Missouri.

La mejor época del equipo comenzó en realidad al salir de St. Louis. El cambio no fue inmediato y aún tuvieron varios balances por debajo de .500 en sus primeros años en Maryland. Sin embargo, poco a poco fueron llegando los componentes clave de estos grandes equipos. Brooks Robinson firmó con el equipo como agente libre amateur en 1955, Boog Powell en 1959, Dave McNally en 1960 y Jim Palmer en 1963. En diciembre de 1965 llegó traspasado Frank Robinson para alzar el campeonato de 1966. Pero aún hubo tiempo tras ese primer título para pulir aún más esa maquinaria casi perfecta. En 1968 Earl Weaver tomó las riendas como manager y al final de esa campaña obtuvieron en intercambio a Mike Cuellar para redondear una rotación demoledora y una plantilla potentísima que dominaría la AL en los años siguientes. Este bloque daría a Baltimore 5 títulos de división, 4 banderines de la Americana y 2 de los World Series, llegando a acumular más de 100 victorias 3 veces consecutivas.

Poco a poco, los buques insignia se fueron retirando pero la gerencia fue capaz de armar otro grupo potente que daría al club dos títulos divisionales, 2 banderines de Liga (1979 y 1983) y otro de las World Series. Lo mejor de todo es que este cambio generacional, que suele ser muy complejo en mucho casos, no generó ningún quebradero de cabeza ya que no hubo ni siquiera una temporada perdedora. De hecho, la única campaña con un record inferior a .500 fue en 1967, el año siguiente de lograr el primer entorchado. En 20 temporadas entre 1964 y 1983 los Orioles ganaron 90 o más partidos 16 veces, 95 o más 10 veces y 100 o más 5 veces (hay que descontar la temporada 1981, en la que debido a la huelga de jugadores, el equipo sólo jugó 105 encuentros, con 59 victorias). Semejante dominio sólo está a la altura de los mejores conjuntos de la historia y el único motivo por el que no supusieron más títulos de división es porque se encontraron con algunos de esos conjuntos, como los Yankees de los 70 o los “Harvey´s Wallbangers” de los Brewers en el 82.

Peor época

St. Louis Browns/Nine Network

Si facil era elegir la mejor época de la historia de la franquicia, más fácil aún es determinar la peor época. Y es que cuando pasas 50 años acumulando derrotas y terminando en la mitad baja de la tabla (lo que se conocía como 2ª división) mientras tu vecino e inquilino en tu estadio, se lleva toda la gloria, puedes hacer un paquete con esos 50 años y determinar que son la peor época de la historia del club.

No es que los Orioles no hayan tenido malas épocas en Baltimore. En 1988 tuvieron el peor inicio de la historia al perder los primeros 21 partidos del año, lo que llevo al cómico David Letterman a decir en su programa que ese año el béisbol había sido un deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos de Seúl, exactamente igual que en Baltimore. Y seguirían después más años de mediocridad que llevarían al club a 2011 acumular 14 temporadas consecutivas con más partidos perdidos que ganados entre 1998 y 2011.

Sin embargo, los tiempos en Missouri fueron aún peores. La primera década se inició con fuerza, con el club atrayendo jugadores de los Cardinals y un segundo puesto en su primer año an St. Louis. Un par de años más con balance positivo hicieron que estos primeros años fueran aceptables. Pero el cambio de década no les sentó nada bien (pese a que en la segunda mitad de la misma contaron con una mente privilegiada como la de Branch Rickey dirigiendo la nave Brown) y con 3 campañas consecutivas con más de 100 derrotas establecieron definitivamente la paupérrima fama que les acompañaría durante el resto de su existencia. La presencia de un Hall of Famer como George Sisler ayudó a lograr varias campañas positivas en los años 20 (quedando incluso segundos en 1922); pero pese a que grandes jugadores como el propio Sisler, Goose Goslin, Urban Schocker o Heinie Manush defendieron los colores del equipo, nada pudieron hacer para cambiar esa tradición perdedora que continuó en la década de los 30, probablemente la peor para los de Missouri. Por un lado, la Gran Depresión afectó mucho a la asistencia de público que en 1933, 1935 y 1936 no llegó a las 100000 personas. De hecho, en 1935 tan sólo 80922 espectadores pasaron por la taquilla del Sportsman´s Park, un promedio de apenas 1000 por partido (ese mismo año más de medio millón de personas fueron al mismo estadio a animar a los rivales Cardinals). Por otro lado, en lo deportivo la calidad de la plantilla fue decayendo hasta llegar a un nefasto 1939 que acabó con un balance de 43-119.

Todo esto llevó a que el dueño, Donald Lee Barnes, decidiera llevarse al equipo a Los Angeles, para la temporada 1942. El resto de dueños ya habían aprovado el traslado e incluso se había diseñado un calendario que tenía en cuenta los viajes transcontinentales que esto suponía. Sin embargo, las restricciones a los viajes que se impusieron con la entrada de E.E.U.U. en la 2ª Guerra Mundial dieron al traste con este plan. No obstante, la guerra fue una bendición para los Browns, que con unos rivales que habían perdido a la mayoría de sus estrellas lograron varias temporadas ganadoras y un banderín de la Liga Americana en 1944.

Grandstand Managers Night / Getty Images-MLB.com

Pero esos años pronto demostraron ser sólo un espejismo y el quipo se alojó en torno a las 100 derrotas. Finalmente, la franquicia acabó en manos de Bill Veeck que se tuvo que centrar más en cubrir gastos y en atraer gente a las gradas que en mejorar la plantilla. Para ello no dudo en establacer todo tipo de promociones y eventos especiales, como el Grandstand Manager Night (“La Noche del Manager de la Grada”) en la que los espectadores decidían mediante carteles los movimientos del equipo en el terreno de juego. Pero el más famoso de todos fue sin duda alguna el partido en el que envió a batear a Eddie Gaedel un jugador que tan sólo medía 1,10m y al que dió el dorsal 1/8 (Por supuesto, con una strike zone tan pequeña logró un walk en cuatro lanzamientos). Con todo esto Veeck también intentó echar a los Cardinals de la ciudad, y a punto estuvo de lograrlo hasta que fueron comprados por la empresa cervecera Anheuser-Busch.

Eddie Gaedel en su único PA / MLB.com

Esto era demasiado para Veeck, que primero vendió el Sportsman´s Park a su rival al no poder sufragar las reparaciones que necesitaba y luego intentó llevarse a la franquicia primero a Milwaukee (finalmente fueron los Braves los que se mudaron allí) y luego a Baltimore (rechazado por el resto de propietarios). Finalmente, Veeck tuvo que vender el equipo y esta vez los nuevos dueños no tuvieron problemas en obtener el permiso para mudarse a Maryland, poniendo punto y final a esta época del club.

Si os gustan los perdedores adorables y queréis saber más acerca de estos grandes perdedores de la historia, podéis ver un documental en este link.

Mejor pitcher

Jim Palmer / Thesportspost.com

Pese a sus malos resultados, los Browns sí que pudieron contar con un gran pitcher y ese fue el diestro Urban Schocker. Uno de los lanzadores a los que se permitió continuar usando el spitball tras su prohibición en 1920, tuvo dos años muy buenos en los Yankees antes de llegar a St. Louis donde en 7 años acumuló un ERA de 3.19 (con hasta 4 años con ERA por debajo de 3.00, estando en uno de ellos incluso bajo el umbral de 2.00) y un record de 126-80. Destaca especialmente su rendimiento en 1921 cuando lanzó 326.2 entradas y lideró la AL en victorias con 27 y en 1922 cuando su record personal de 24-17 y ERA de 2.97 en 348.0 entradas ayudó a los Brown a ganar 93 partidos y acabar  tan sólo un partido de llevarse el banderín de la Americana.

De todo el periodo desde las últimas WS ganadas en 1983 (y más allá de los 4 años como ace del bullpen de Zach Britton) el lanzador más destacado es sin duda Mike Mussina, el ace de la rotación en la década de los 90 que ya en su primer año completo ganó 18 partidos con un ERA de 2.54. Tras un segundo año más flojo, provocado seguramente por algunas molestias en el hombro, el de Williamsport se asentó en unos años de  una tremenda regularidad, marcando prácticamente siempre ERAs entre 3.00 y 3.50 y cerca de las 20 victorias (hito que tan solo logró en 2008, su útimo año de carrera, con los YAnkees). Si a estos registros con el brazo les unimos su buen hacer con el guante (7 Gold Gloves en su carrera), no sorprende que en 2012 fuese incluido en el Hall of Fame de los Orioles.

Sin embargo, ambos palidecen ante la tremenda labor del gran trío abridor de los años triunfales de los 60 y los 70: Dave McNally, Mike Cuellar y Jim Palmer. McNally debutó en Baltimore con tan solo 19 años y fue ganando protagonismo hasta que en 1968 inició una racha de 4 años con más de 20 victorias, sumando un total de 87 en ese periodo. Destacan la temporada de 1968 con un record de 22-10 y ERA de 1.95 y la de 1971 con 21-5 (80,8% de W) y 2.89ERA. El de Montana acabó su carrera con 3 presencias en el All Star, balance de 184-119 y 3.24ERA, pero es también recordado por ser el único lanzador en batear un Grand Slam en las Series Mundiales y por ser junto a Andy Messersmith los jugadores que protagonizaron la Decisión Seitz que acabó con la Reserve Clause y dió inicio a la Agencia Libre. El cubano Cuellar, por su parte, llegó a Maryland ya con 32 años en 1969 tras pasar por los Reds, las Minors, la Liga Mexicana y 4 años de buenos números individuales, pero frustrantes resultados con unos inexpertos Astros. Su llegada a Baltimore fue inmejorable para él ya que ganó el Cy Young (compartido con Denny McLain), convirtiéndose en el primer latinoamericano en ganar el premio. A partir de ahi, este maestro del screwball amasó 139 victorias con los Orioles, incluyendo 4 campañas con 20 o más y otras dos con 18. En un hito similar al de McNally, Cuellar es el único pitcher en lograr un Grand Slam la ALDS.

Pese a estos espectaculares números, el verdadero ace e icono de esta rotación y el mejor lanzador que ha llevado la camiseta naranja y negra no puede ser otro que Jim Palmer. El Hall of Famer llegó a las Grandes Ligas con tan solo 19 años y dió la primera muestra de su grandeza en 1966 cuando, a falta de 9 días par cumplir los 21 años, se convirtió el el pitcher más joven en lanzar un shutout en las Series Mundiales. Luego vendrían un par de años plagados de lesiones que hicieron que no jugara en las Majors en 1968. De hecho, su situación llegó a tal punto que incluso se planteó abandonar la lomita para intentar una carrera como jugador de posición. Así de desesperada era su situación y está claro que pocos le auguraban la carrera que tuvo luego; de hecho, los Orioles no le protegieron en el draft de expansión, pero ni Royals ni Seattle Pilots quisieron seleccionarlo. A partir de 1969 todo cambio para “Cakes”. En 9 de las siguientes 10 campañas tuvo un ERA por debajo de 3.00, ganó 20 o más partidos 8 veces y también en 8 ocasiones superó la barrera de las 270 IP. Todo ello le valió para ser no solo el ace del equipo, si no para llevarse 3 veces el premio Cy Young. En los siguientes años, la edad y la caga de trabajo fueron haciendo mella en Palmer que vió como su rol y su rendimiento iban disminuyendo. No obstante, su carrera fue lo suficientemente longeva como para, saliendo desde en el bullpen en la edición de 1983, convertirse en el único pitcher en ganar partidos de las Series Mundiales en 3 décadas distintas (1966, 1970 y 1983). También es el único Oriole en estar presente en en las 6 ediciones en las que participo el club en su época en Baltimore y, por tanto, el único en estar en las 3 plantillas camponas.

El neoyorquino no sólo era bueno lanzando y defendiendo (ganó 4GG), si no que tenía un gran carisma. Tanto es así que, llegó a protagnizar algún anuncio de ropa interior. De hecho, la televisión acabaría convirtiéndose en su profesión del futuro. Y es que, incluso cuando aún estaba en activo empezó a comentar partidos en la televisión, y hoy en día sigue ejerciendo ese mismo rol en las retransmisiones de los Orioles en MASN. De este modo, Jim Palmer ha sido un fijo para los aficionados de los Orioles durante varias décadas, dando un símbolo común a varias generaciones de aficionados de Baltimore.

Mejor bateador

George Sisler en 1928 / Baseball Hall of Fame

Dificil decisión aquí. Seguro que muchos esperáis a Cal Ripken Jr., o quizás a Franks Robinson o Eddie Murray. Pero en este debate sólo se han considerado dos nombres y la gran duda la ha generado que el título de esta sección sea “Mejor bateador”.

Y es que hay un hombre que es un icono de tal magnitud en Baltimore y tan querido por la afición que su sobrenombre es el de “Mr. Oriole”. Tanto es así que el club le ha erigido hasta dos estatuas. Una dentro del estadio en el “Orioles Legend Park” y otra fuera. Hablo, por supuesto, de Brooks Robinson, que fue la primera de las piedras angulares en llegar a la franquicia, al firmar como agente libre amateur en 1955 y en un par de años se hizo dueño de la tercera base, puesto que sería todo suyo durante más de 16 años. Robinson era conocido principalmente por su defensa, siendo considerado por muchos como el mejor third baseman de la historia y ganando 16 Gold Gloves (muchas de sus 18 presencias en el All Star estuvieron tambien relacionadas con su labor con el guante). De hecho, su capacidad era tan grande que su otro apodo era “La aspiradora humana”. Para la historia ha quedado su legendaria actuación en la esquina caliente en las Series Mundiales de 1970 en las que paró por completo la ofensiva de la Big Red Machine de Cincinnati.

Si ha esto le añadimos que Robinson ha seguido viviendo en Baltimore y ha estado muy involucrado en la comunidad y siempre se ha ganado a compañeros, rivales, periodistas y aficonados con su amable personalidad, es normal que sea “Mr. Oriole”. Y es precisamente eso lo que me ha tentado a elegirle mejor bateador de la historia del equipo. Me gustaría reconocer algo más que la mera labor con el bate e intentar premiar las virtudes más intangibles de un deportista. Y es que un jugador de campo que es el gran lider de uno de los mejores conjuntos de la historia, un símbolo de su equipo y su ciudad y uno de los mejores defensores de todos los tiempos (y la defensa es una faceta que a menudo queda olvidada) se puede merecer la designación.

Sin embargo, su capacidad ofensiva renqueaba demasiado. No era ni mucho menos malo, para nada. En 1964 se llevó el MVP con un promedio de .317, 18 HR y 118RBI acumuló un promedio de .303 en postemporada, incluyendo un .583 en las WS de 1970 en las que también se llevó el MVP. A lo largo de su carrera acumuló 2848H y 268HR, números más que respetables, pero que palidecen si decimos que suponen un promedio de .267, 15HR y 76RBI cada 162 partidos. Y palideden aún más si los comparamos con los registros del verdadero mejor hitter de la historia de la franquicia.

El honor corresponde a uno de los primeros descubrimientos de Branch Rickey. Un jugador que es considerado como uno de los mejores first baseman de la historia; pero, sobre todo, recordado por sus proezas con el bate. George Sisler llegó a los Browns en 1915 de la mano de Rickey, al que conocía de su época en la Universidad de Michigan. Primero actuó como lanzador, pero enseguida quedó claro que sus habilidades serían mejor aprovechadas si se convertía en jugador de posición. En 1916 ya bateó .305, pero a partir de ahí iniciaría un periodo de 6 campañas manteniéndose por encima de .341, siendo dos de ellas especialmente extraordinarias. En 1920 consiguió un average de .407 y 257 Hits, marca que fue un record de las Majors hasta que Ichiro Suzuki los superara en 2004. 1922 fue incluso mejor para él: bateó para .422 y además de liderar la liga en esa categoría también lo hizo en Hits (246), Triples (18), Carreras Anotadas (134) y Bases Robadas (51); sirviéndole para llvarse el MVP.

Poco después sufrió un caso de sinusitis que le provocaba visión borrosa y unos dolores de cabeza tan fuertes que le hicieron perderse la temporada 1923 por completo. Volvió en 1924 y tuvo 7 años más de carrera deportiva, tanto en St. Louis como en paradas posteriores en Washington y los Boston Braves, en los que bateó constantemente por encima de .300, pero sin tener el dominio de sus primeros años. Finalmente se retiró en 1930 dejando una línea de bateo de .340/.379/.468, con 2812H y OPS+ de 125. Después volvería a colaborar con Rickey como scout y como asistente de la gerencia con los Cardinals, Dodgers y Pirates, siendo clave en el desarrollo de estrellas como Robeto Clemente y Duke Snider.

Este dominio con el bate, unido a su gran labor defensiva hacen que Sisler sea el claro mejor bateador de la historia de la franquicia. Pero su reconomiento no es sólo esta designación o su selección como miembro del Hall of Fame, si no que como muestra de la huella que dejó en St. Louis, los Cardinals decidieron homenajear a la gran estrella de sus antiguos vecinos, poniendo una estatua de Sisler en las afuera de Busch Stadium, reconociéndolo como figura indiscutible del béisbol en la ciudad.

Mejor manager

Earl Waver en una de sus habituales protestas / Getty images

Aquí no hay dudas, sólo hay un nombre posible. Estamos hablando de uno de los managers más populares, exitosos e innovadores de la historia: Ear Weaver. Tras entrenar durante 11 temporadas en las Ligas menores, el de St. Louis (su padre había sido dueño de la lavandería que se ocupaba de lavar los equipajes de Browns y Cardinals) llegó a los Orioles en 1967 como entrenador de primera base, antes de convertirse en el manager a mediados de 1968. Sería la primera de 15 temporadas en las que Weaver dirigió al equipo de Maryland, todas con balance positivo, ganando incluso 100 o más partidos 5 veces, y en las que él fue una de las piezas claves del equipo que entre 1968 y 1982 ganó el banderín de la AL en 4 ocasiones y en una de ellas se llevó el Trofeo del Comisionado. En 1982, tras perder el último partido del año en el que se jugaban la división con los Brewers, Weaver se retiró, lo que le hizo perderse el título de 1983. No obstante, no fue el final para Earl, ya que en 1985 le convencieron para que volviera. En la última de las dos campañas adicionales en las que dirigió al equipo, tuvo el único balance negativo de su carrera, acabando 73-89 en 1986. En total, acumuló un balance de 1480-1060, lo que equivale a un porcentaje de victorias de .583 (6º en esa categoría) y una media de 94,3 victorias por temporada, un record en la liga.

Y si logró tantas victorias es porque fue un gran pionero. Hizo un uso extenso de las estadísticas, siendo el primer entrenador de MLB en usar archivos estadísticos computerizados que le permitían analizar mejor los matchups y, en base a eso, crear platoons en sus lineups que dejaran a su equipo en ventaja. También fue un pionero técnico, ya que  durante el Spring Training de 1975 fue el primero en utilizar las pistolas de radar para medir la velocidad de los lanzamientos. Pero sobre todo fue un pionero en su filosofía en el juego. Weaver odiaba el juego en corto (“si juegas a una carrera, eso es todo lo que vas a conseguir”), odiaba el bunt, odiaba el hit-and-run. Decía, en una afirmación que hoy nos resulta moderna y unida a las filosofías de las sabermetrics, que un equipo sólo tiene 3 outs en cada entrada y que regalar uno sólo hacía las cosas más complicadas. Y luego está su gran frase, esa que resume toda su filosofía: “The key to winning is pitching, fundamentals and the three-run homer” (la clave para ganar es pitcheo, fundamentos defensivos y el home run de tres carreras). Podría ser una filosfía de 2018, en vez de 1970.

Más allá de sus innovaciones, lo curioso es que lograse todas esas victorias teniendo una relación muy mala con Jim Palmer, una de las grandes estrellas de su plantilla. Y es que Weaver tenía un carácter fuerte. Para la historia han quedado sobre todo sus disputas con los árbitros, enfrentamientos duros en los que incluso tenía sus técnicas predilectas, como ponerse la gorra hacia atrás para poder acercarse lo más posible a los umpires o patearles arena. No es de extrañar, por tanto, que sea el tercer manager con más expulsiones de la historia con 94. Pero la espetacularidad de sus protestas le hizo ganarse el cariño de la afición que le nombró el Earl (Conde) of Baltimore y el propio Palmer dijo que aprendió mucho de él y que la mayoría de sus recuerdos de su ex-skipper son buenos. Al final se ganó un hueco en el corazón de todos ellos.

Hall of Famers

De nuevo nos cntraremos en los jugadores, directivos o managers que han tenido una mayor parte de su carrera con la franquicia, por eso, no encontraréis a Frank Robinson, por ejemplo, aquí.

  • George Sisler: 1939, 85,8% de los votos.
  • Bobby Wallace: 1953, Veteran´s Committee. Wallace llegó a los Browns en 1902 (en la cacería de jugadores que hicieron entre los Cardinals) cuando tenía 29 años y aún así jugó 15 temporadas con ellos, antes de irse dos años más a los Cardinals, para retirarse con 44 años (aunque es cierto que en sus últimos 5 años, jugó muy poco). De hecho, con sus 25 años en las Ligas Mayores tiene el record de más campañas disputadas sin llegar a jugar las Series Mundiales. Acabó su carrera con un promedio de .268, 2309H y 1121RBI, además de ser reconocido como el mejor shortstop defensivo de la AL en la primera década del siglo. En 1911 y 1912 actuó brevemente como jugador-entrenador y, antes de retirarse del todo, actuaría también como manager en las menores e incluso como umpire en la Liga Americana. Una vez abandonados los terrenos de juego tendría una larga carrera como scout.
  • Satchel Paige: 1971, Negro League Committee. Satchel Paige está reconocido en el Hall of Fame por lo que hizo en las Negro Leagues, pero la mayor parte de su breve carrera en las Mayores fue con los Browns. Estamos hablando de uno de los mejores pitchers de todo los tiempos, de hecho, según Joe Posnanski “Joe DiMaggio dijo que era el mejor al que se había enfrentado, Bob Feller dijo que era el mejor que había visto, Hack Wilson diejo que su fastball era tan fuerte que la pelota parecía de marfil y Dizzy Dean dijo que lanzamiento era tan rápido que el suyo parecía una changeup”. Paige estaba siempre lanzando, en exhibiciones, partidos oficiales de Negro Leagues o en las ligas de Caribe y allí donde iba llenaba los estadios. Era una superestrella y lo sabía, de hecho, a menudo viajaba de partido a partido en su avión privado como para acrecentar esa impresión. Pero no sólo era famos0, también era muy bueno, ganando cientos de partidos y dominando con su velocidad y control. Llegó a la MLB con 41 años en 1948 de la mano de Bill Veeck con los Indians y fue el primer pitcher de las Negro Leagues en lanzar en las WS, además de llenar continuamente los estadios en los que jugaba. En 1951, de nuevo Veeck le firmó para los Browns donde estuvo durante 3 años (Aún tendría tiempo de lanzar 3 entradas para los Athletics en 1965, con 58 años). Se retiraría con un ERA de 3.29 en 476IP en la MLB, acrecentando aún más su enorme leyenda creada en las Negro Leagues.
  • Brooks Robinson: 1983, 92,0% de los votos.
  • Rick Ferrell: 1984, Veteran´s Committee. Cuando se retiró en 1947, era el catcher con más partidos de la historia con 1806 (Le superaría Carlton Fisk en 1986). Una carrera jugada entre Washington, St. Louis Browns (8 años en cada uno) y Red Sox (5). Recordado sobre todo por sus dotes de receptor y por haber tenido que catchear a una rotación de 4 knuckleballers en los Senators en 1944 y 1945. Tenía poco poder con el bate, ya que tan solo logró 28HR en su carrera, pero consiguió un más que digno average de .281. Tras una trayectoria de jugador en la que fue 8 veces All Star, fue coach con los Senators y scout y General Manager con los Tigers.
  • Jim Palmer: 1990, 92,6% de los votos.
  • Ear Weaver: 1996, como Manager.
  • Eddie Murray: 2003, 85,3% de los votos. Murray llegó al primer equipo en 1977 para tomar el relevo de los Robinsons y de Powell como uno de los pilares del equipo y enseguida demostró de lo que era capaz, con registros de .283 y 27HR en su primera temporada, que le valieron el Rookie del Año. Ese reconocimiento también dio el pistoletzo de salida a 12 años con los Orioles en los que se ganó el apodo de “Steady Eddie” (Eddie el Constante) por la tremenda regularidad de sus estadísticas. En estas temporadas en Baltimore bateó siempre en torno a .300 y 30 HR (exceptuendo una temporada con 17 en 137 partidos y otro con 22 en tan solo 99). Esto le valió para ser seleccionado 8 veces para el All Star antes de iniciar un periplo por Dodgers (otro All-Star), Mets, Indians y Angels, con otro breve paso por Camden Yards. Al finalizar su carrera, sólo en 1981 (temporada acortada por una huelga) había liderado la liga en HR y RBI, con 22 y 78, respectivamente; pero siempre acababa en el Top5. Algo similar le ocurría con el MVP. Nunca ganó el premio, pero acabó en el Top10 8 veces. Sin embargo, lo que sí consiguió fue superar la legendaria barrera de los 3000 hits, llegando a los 3255 en 21 exitosos años de carrera.
  • Cal Ripken: 2007, 98,5% de los votos. Conocido sobre todo por sus 2632 partidos jugados de manera consecutiva, marcando el record de la MLB al superar los 2130 del legendario Lou Gehrig. Un Oriole por los 4 costados, ya que había nacido en Maryland hijo de un jugador y manager en las Minors, y coach y manager en las Majors para los Orioles; lo vivió todo con los de  Baltimore, desde el título en el 83 a la indiferencia en mitad de tabla de los 90, pasando por las 107 derrotas en 1988. Su llegada a la MLB no pudo ser más meteórica, ganado el Rookie del Año en 1982 y el MVP en 1983. Además, en este año sophomore conquistó su único camponato, recibió la primera de 19 llamadas al All Star (todas consecutivas) y el primero de 8 Silver Slugger Awards. Ripken ya era un fijo en unos Orioles que fueron bajando el nivel hasta la deblacle del 88 y siguió siendo el alma de un club que intentó resugir sin demasiado éxito en los 90 con unas plantillas formadas a base de grandes nombres que se pagaban con los beneficios que reportaba su flamante nuevo estadio. En esta década tuvo dos momentos destacables. El primero fue su segundo MVP en 1991 para un equipo que acabó 67-95 y el segundo y más importante el mítico 6 de septiembre de 1995 en que se convertía en el hombre que más partidos había disputado de manera consecutiva. Aunque jugó los últimos años de su carrera como third baseman (posicón en la que también había actuado ocasionalmente en sus primeros años), es recordado sobre todo por su labor como shortstop, puesto en el que ganó dos Gold Gloves. Con el bate consiguió 431HR y, aunque su promedio de bateo de por vida es de “sólo” .276, la gran cantidad de partidos le permitió ingresar en el club de los 3000 hits, siendo, con 3184, el 3º campocorto con más imparables tras Derek Jeter y Honus Wagner. Nombre con los que Ripken está, sin duda, en la compañía que se merece.

 

Cal Ripken el día en que batía el record de partidos consecutivos / Associated Press

Mi momento Orioles

El mejor momento, y posiblemente uno de los más definitorios, de la historia de los Baltimore Orioles ocurrió en el primer partido de las Series Mundiales de 1966. Los Orioles se enfrentaron a Los Angeles Dodgers. Aquel primero encuentro se disputó en el Dodger Stadium. Este primer enfrentamiento lo abrió Dave McNally para los Orioles. Por aquel entonces era el ace del equipo. Era su tercera temporada con los Orioles y solo tenía 23 años.

Los periodistas de la época dicen que a pesar de su buena primera entrada los nervios se apoderaron de él en la segunda entrada donde encajó un home run de 400 pies de Jim Lefebvre que le daba la primera carrera a los Dodgers. Después de que Russ Snyder salvara una carrera, McNally consiguió su primer y único strikeout para finalizar la segunda entrada.

En la tercera el primer bateador de los Dodgers, Willie Davis, fue eliminado y parecía que McNally se encontraba a gusto. Nada más lejos de la realidad. Lanzó tres bases por bolas seguidas y dejó las bases llenas antes de abandonar el encuentro. Al montículo acudió Moe Drabowsky que hizo uno de los mejores relevos de la historia de este deporte: 6.2IP, 1 H, 2 BB y 11 K. El partido acabó 5-2 para los Orioles, siendo estas dos carreras las dos únicas que consiguieron los Dodgers en todo la final. Los Orioles barrieron a los Dodgers con un 4-0.

Dave McNally disputó el cuarto y definitivo encuentro donde disputó todo el encuentro y cosechó estos números: 4 H, 2 BB y 2 K. McNally fue dos veces campeón de las Series Mundiales y tres veces All Star. Al término de su carrera entro merecidamente en el Orioles Hall of Fame.

Adrián Cobo / @adrian_cobo/ Presentador del podcast Bases Robadas y fanático de los Orioles

Los pitchers de los Orioles se presentaban en las WS con la necesidad de hacer una buena labor ya que el ataque lo tendría dificil ante una rotación Dodger liderada por Don Drysdale y Sandy Koufax. Y, en efecto, lo tuevon complicado ya que tan sólo pudieron anotar 13 carreras (10 limpias) en los 4 partidos, incluyendo tan solo 1 en cada uno de los dos últimos partidos.

Sin embargo, los lanzadores de Baltimore respondieron con creces. McNally permitió dos carreras, pero fueron las únicas que anotarían los de Los Ángeles en la serie. Tras la exhibición relevista de Dabrowsky, Jim Palmer se encargó de abrir el segundo partido y blanqueó a los californianos, permitiendo sólo 4H. En el tercero, Wally Bunker prácticamente igualó esos números, pero con solo 3H y con la presión de que el marcador mostraba un 1-0 mucho más apretado que en los dos partidos de la final. Finalmente, McNally tuvo una oportunidad de resarcirse y respondió con el tercer shutout oriole consecutivo.

Desde luego, poco más se podía pedir a los lanzadores del club de Maryland. Los rivales sólo batearon para .142, el registro más bajo en la historia de las Series Mundiales y esas 2 únicas carreras de los Dodgers son también la cantidad más baja anotada por un equipo en unas Series Mundiales. De hecho, si no llega a ser porque los Athletics de 1905 anotaron sus 3 carreras tras errores defensivos (dando un ERA de 0.00 a los Giants) el ERA de 0.50 de estos Orioles sería el más bajo de la historia del Clásico de Otoño.

Al final fue un título ganado desde el montículo que sirvió para impulsar a una franquicia históricamnte perdedora y que en los siguientes años años tendría más Series y noches mágicas.

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