La ley del silencio

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Otra semana más y en el mundo del béisbol se sigue hablando de lo mismo. El robo de señales de Astros y Red Sox y sus consecuencias siguen copando los titulares. ¡Y lo que nos queda! Aún no se han conocido las sanciones que el comisionado le impondrá a Boston.  Allá por el mes de noviembre, cuando The Athletic publicó la exclusiva, hubo quien criticó a Mike Fiers, ex pitcher de los Astros y “garganta profunda” de los dos periodistas que destaparon todo el pastel. Hubo quien apeló al código del vestuario. A eso de que lo que pasa dentro del clubhouse se queda en el clubhouse y no se cuenta a los periodistas. Pero la información revelada por The Athletic era tan brutal que las críticas a Mike Fiers quedaron en un muy segundo plano.

Dos meses después de que se conociera toda la trama de los Astros el mismo medio volvía a golpear a la credibilidad del béisbol en la línea de flotación. Los Astros, campeones de las Series Mundiales en 2017, no eran los únicos que habían robado señales con ayuda de la tecnología. Los Red Sox, que se hicieron con el título en 2018, también habían cometido irregularidades.

A lo largo de enero hemos ido conociendo el resultado de las investigaciones de la MLB, las sanciones a los Astros y las destituciones de tres entrenadores implicados en mayor o menor medida en todo el asunto. A lo largo de enero hemos sido también conscientes de que el béisbol atraviesa una crisis de credibilidad. No tan brutal como la sufrida por el uso de esteroides, pero crisis al fin y al cabo. Imaginen que durante el próximo abril Alex Bregman y/o Jose Altuve (a quienes se les ha llegado a acusar de llevar un dispositivo eléctrico en el pecho que emitía distintas vibraciones dependiendo del lanzamiento que se les realizaba) batean .200. El lío estará servido.

Pues ahora que todas las cartas están sobre la mesa y que ya se ha debatido sobre lo verdaderamente importante han vuelto a aparecer los puristas. Los red ass que defienden que Mike Fiers es un “bocón” y un “sapo” han vuelto a sacar pecho.

Jessica Mendoza, analista en las retransmisiones televisivas de la ESPN y asesora de los Mets, fue la que volvió a abrir un debate que ni siquiera debería existir. En un programa de radio de la propia ESPN Mendoza criticó a Fiers por haber ido a la prensa en vez de haber acudido a la liga. Se le podría decir a Mendoza que la sensación es que la liga ya sabía que había algo, pero que no tenía ni idea de como abordarlo. Las declaraciones de Fiers ayudaron a que se destaparan de golpe y porrazo unas prácticas muy generalizadas.

El siguiente en hacer leña del árbol caído fue Pedro Martinez. “Si lo hubiera hecho cuando jugaba para los Houston Astros hubiera demostrado tener lo que hay que tener. Pero hacerlo cuando te has ido de los Houston Astros porque ya no te quieren no demuestra nada. Lo único que eres es un mal compañero”

Y la redes sociales se incendiaron. El enjambre virtual se lanzó sobre Fiers. Chismoso, sapo, soplón, desleal, bocón… En las últimas horas ha salido hasta un bulo de Twitter que dice que el lanzador de los A’s abusó de dos menores.

Desconocemos los motivos por los que Fiers habló con The Athletic. Sin duda lo debería haber hecho dos años antes, cuando estaba en los Astros y vio lo que estaba sucediendo allí. Pero conviene recordar que de todos los jugadores que aquel año pasaron por el roster de los Astros y al siguiente por el de los Red Sox (que son los únicos dos equipos de se ha probado que robaran señales) Fiers es el único que ha dicho algo.

A los que dicen que violó el código del vestuario me gustaría decirles que aquí había algo muy importante en juego. El código ese del vestuario del que tanto nos gusta hablar y al que muchos dan una dimensión casi religiosa se circunscribe, al menos a mí entender, a no ser un cotilla. A no contar que dos peloteros se han dado de ostias en el vestuario, a no airear los escarceos sexuales que se producen al jugar fuera de casa y a no decir si alguien ha aparecido resacoso en la práctica de bateo. Eso y nada más.

Denunciar una práctica ilegal, generalizada y que pone en peligro el futuro mismo de la MLB no va en contra de ningún código de vestuario. Habrá tardado dos años, pero al menos Fiers ha hecho lo correcto. Hay otros muchos que no pueden decir lo mismo.

PD: es curioso como muchos de los que apelan a la versión más mafiosa del dichoso código de vestuario y critican duramente a Mike Fiers están excitadísimos ante la posibilidad de que Bregman, Altuve o Correa reciban pelotazos en las costillas como castigo. Deberían estar agradecidos con Fiers, las declaraciones del lanzador alimentan su sadismo.