Los San Francisco Giants deben apretar el gatillo.

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Seguramente «No hay tregua» de Barricada nunca sonará en las oficinas de los San Francisco Giants. Lo cierto es que la canción del grupo navarro tiene un par de versos que harían bien en escuchar los hombre fuertes del equipo de la Bahía.

El primero dice «este juego ha terminado mucho antes de empezar». Es una bonita manera de describir la temporada de los Giants. El equipo empezó el año con muchas dudas y en menos de dos meses ha dicho adiós a cualquier opción de jugar en octubre. A día de hoy está compitiendo con los Padres y los Phillies por el peor récord de la MLB.  

La temporada terminó de torcerse a finales de abril, cuando Madison Bumgarner se lesionó en un absurdo accidente de moto. Pero lo cierto es que toda la off season de los Giants anunciaba un descalabró en 2017. Un descalabró que empezó a mediados del verano pasado. Cuando llegó el All Star del 2016 los de San Francisco dominaban las Mayores con un balance de 57-33. Terminaron el año con un 87-75. Es decir, su récord en la segunda mitad de la temporada fue un triste 30-42.

El ace de los Giants con el brazo en cabestrillo.
A pesar de que los puntos flacos del equipo eran más que evidentes se hizo poco o nada por intentar solucionarlos. Para mejorar el bullpen se apostó por un solo fichaje mientras que los tres relevistas más importantes de los últimos años dejaban la organización. La marcha de López, Romo y Casilla fue cubierta única y exclusivamente con Marck Melancon.
Nadie duda de la capacidad de Melancon, pero la solución adecuada a los problemas de los Giants no estaba en fichar a un closer estrella, sino en construir un cuerpo de relevistas fiable y profundo.

 

Todavía más irracional resultó la decisión de no reforzar el ataque. El equipo anotó en 2016, 4.41 carreras por partido, el 19º peor registro de la MLB. De entre los jugadores que tuvieron más de 200 visitas al cajón solo Brandon Belt, Hunter Pence, Brandon Crawford, Buster Posey y Pagán tuvieron un wRC+ superior a 100. El resto de sus bateadores rindieron por debajo de la media de la MLB.

 

Una de las razones del pobre rendimiento ofensivo del equipo fue la carencia de poder. Su slugging fue de .398 (25º de la Liga) y su isolated power de .140 (el 27º de la Liga). Ni un solo jugador llegó a los 20 homers y fue el tercer equipo que menos cuadrangulares pegó. A pesar de que la pasada agencia libre estaba saturada de bateadores poderosos los Giants no hicieron nada por hacerse con sus servicios.

 

Tampoco intentaron trades con franquicias que estaban como locas por deshacerse de bates que los Giants necesitaban. Yankees, Tigers o Reds eran equipos con muchos tíos que les hubieran dado un aire muy distinto a los del Norte de California. ¿J.D. Martinez? ¿Brett Gardner? ¿Adam Duvall?

 

No sólo no ficharon a nadie, sino que además dejaron escapar a Ángel Pagán. El jardinero dominicano no es una estrella, eso está claro, pero si ha sido una pieza importante que daba profundidad al lineup.

 

Pagán celebra un inside the park home run.

Cuando tienes un mal ataque y no lo refuerzas pasa lo que tienen que pasar: sigues teniendo un mal ataque. Con 3.50 carreras por partido los Giants son la segunda ofensiva que menos produce en 2017. Además son el equipo que menos homers pega, últimos en slugging e isolated power, penúltimos en promedio de bateo y antepenúltimos en OBP. Un desastre.

El segundo verso de la canción de Barricada que se ajusta bien a los Giants es ese que dice que «alguien debe tirar de gatillo«. Ese alguien, en este caso, es el General Manager. Lo Giants apostaron por la continuidad durante el pasado invierno y se está demostrando que la decisión fue un error. Se quiso mantener el bloque que tantos éxitos había dado recientemente pero la realidad es que son un equipo veterano que depende muchísimos de Posey y Bumgarner.

 

Los Giants no deben apretar el gatillo ahora porque esta temporada este perdida, deben hacerlo ahora para que la reconstrucción sea lo más rápida posible. Ahora mismo San Francisco es un equipo malo y viejo, si no hace algo ya el año que viene será un equipo igual de malo y un año más viejo.

 

La reconstrucción no va a ser fácil y además el entorno no ayuda. Su farm system está entre los peores de la MLB y su división va camino de convertirse en una de las más duras de las Mayores. Junto a los todopoderosos Dodgers han aparecido los Rockies y los D-backs, dos equipos muy jóvenes y construidos para dar guerra durante años. Por no hablar de los Padres, que ya han iniciado esa reconstrucción y tienen un puñado de novatos muy interesantes que llegaran a la Gran Carpa en los próximos años.

 

Parece que los Giants no están dispuestos a traspasar a su póquer de estrellas: Bumgarner, Posey, Crawford y Belt. Esto limita mucho sus opciones. Quizás el jugador que más mercado podría tener fuera de estos cuatro es Melancon, pero su contrato lo hace muy difícil de traspasar. El resto de piezas que podrían entrar en un trade pueden traer jugadores interesantes, pero en ningún caso a un prospect de relumbrón.

 

Johnny Cueto, Matt Moore y Jeff Samardzija están lejos de su mejor nivel, pero podrían interesar a equipos necesitados urgentemente de pitcheo. Joe Panik, a pesar de estar limitado ofensivamente, es un defensor solvente, joven y con un contrato asequible. Pence podría parecer un traspaso arriesgado por su tendencia a las lesiones, pero si se le tiene como outfielder suplente o incluso como bateador designado en un equipo de la Americana puede aportar algo tanto en el cajón como en el vestuario.

 

Insisto, ninguno de estos tíos va a traer a nadie espectacular. Si los Giants quieren de verdad empezar algo nuevo todo pasa por poner a una de sus estrellas en el mercado. Sacar a Posey o Bumgarner del equipo sería demasiado, pero lo de Crawford y/o Belt tendría mucho más sentido.