Correa al rescate

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El de la pasada madrugada fue un partido de playoffs con mayúsculas. No fue un choque especialmente vistoso. No fue espectacular por el juego. Pero durante las cinco horas que duró estuvo presente esa tensión, esa incertidumbre y ese drama que solo se respira en los grandes duelos de octubre.

Tras el descalabró de Greinke en el primer partido los Astros necesitaban a su ace. Y Verlander respondió. Quizás Kershaw y Scherzer son mejores cuando se contempla la fría objetividad de la estadística, pero en los momentos claves, en esos que te convierten en leyenda, Verlander no tiene que envidiar a nadie.

Ayer volvió a demostrarlo. Seis entradas largas en las que contuvo a la ofensiva de los Bombarderos. La misma que el día antes había dejado muda a la ciudad de Houston. Los Yankees solo le anotaron al aprovechar un par de errores cometidos en la tercera: un boleto concedido a LeMahieu y una slider que se quedó perdida en el centro de la zona de strike y que Judge recibió con los brazos abiertos. De esta manera Nueva York tomaba la delantera. El homer de Judge contestaba la carrera conseguida por Bregman en el segundo episodio.

Hinch lo apostaba todo a una exhibición maratoniana de Verlander. Boone, por contra, se la jugó con su bullpen. En cierta manera imitó la estrategia de los Rays en el cuarto juego de las Series Divisionales. Relevos de dos entradas y buscar siempre emparejamientos en los que sus bateadores salieran beneficiados. Paxton dejó la lomita en el tercer episodio. Chad Green cumplió. Lo mismo que Tommy Kahnle. Pero entre medias un George Springer desaparecido hasta la fecha se las apañó para conectarle un cuadrangular a Ottavino e igualar el partido.

Las entradas se fueron sucediendo y los bateadores de los Yankees se trabajaban cuidadosamente cada at bat. Hacían que el número de lanzamientos acumulados por Verlander aumentara con el objetivo de que el abridor tuviera que dejar su lugar a los relevistas. En la parte baja de la sexta el público de Houston tuvo que contener el aliento. Solo un lanzamiento preciso de Correa que eliminaba a LeMahieu en el home les hacía recuperarlo.

Los anhelos de los Yankees solo se cumplieron a medias. Verlander acabó saliendo del partido, pero el bullpen de los Astros no mostró debilidades. Un solo hit y una base por bolas fue todo el botín que Nueva York pudo sacar en cuatro entradas. En la novena los cerradores de ambos equipos cumplieron y empujaron el encuentro a la épica más absoluta.

Entonces Carlos Correa volvió a aparecer, de nuevo Correa.  Esta vez el que salvó a los Astros no fue su guante, sino su bate. Su home run devolvió la igualdad a la serie y les pasa la patata caliente a los Yankees. Les toca enfrentarse a Gerrit Cole.