Cody Bellinger; Anillos, home runs y anhelos.

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Clay Bellinger nunca fue una estrella de las Mayores. Ni siquiera consiguió ser un jugador de rol. Llegó a la Gran Carpa con treinta castañas y su carrera apenas duró cuatro temporadas. Cuatro años que no destacaron por las titularidades y en que la amenaza se ser enviado a las Menores siempre estuvo presente.

Su momento de gloria, por llamarlo de alguna manera, se produjo en las Series Divisionales del 2000. Los Yankees, su equipo, se enfrentaban a los A’s. En la novena entrada sustituyó a David Justice y consiguió un doble que impulsó la carrera de Jose Vizcaino. No tuvo mucha incidencia, los Bombarderos ganaban 3-0.

En esos cuatro años en la MLB visitó el cajón en 344 ocasiones y firmó unos números muy discretos: .193 de promedio de bateo, 12 homers, 35 impulsadas…  Pero no todo fueron sinsabores. Clay tuvo la suerte de jugar en dos equipos campeones: los Yankees de 1999 y 2000 y los Angels de 2002.  Además vio como en 1999 su mujer daba a luz a su segundo hijo, Cole.

Clay Bellinger posa en el parque de bomberos. 

Después de varios tumbos más en los que no consiguió entrar en ningún roster Clay decidió asentar la cabeza. Quería pasar más tiempo con los suyos. En 2005 la familia Bellinger, compuesta por Clay, su esposa y los pequeños Cody y Cole, se estableció en Chadler, Arizona. Allí Clay empezó a trabajar en el departamento de Bomberos, pero no dejó el béisbol por completo.

Supo inculcarles a sus hijos el amor por el juego y comenzó a entrenar a los chavales de la ciudad. En 2007 el equipo de Chadler, con Clay como entrenador asistente y Cody como gran estrella, consiguió colarse en los playoffs de las Little Leagues.

Desde ese momento la carrera beisbolística de Cody Bellinger se disparó. Arrasó en el instituto donde dejó claras sus dotes como bateador, pero también como pitcher. En 2013 rechazó una beca de la Universidad de Oregon y aceptó los $700,000 que le ofrecieron los Dodgers después de draftearlo en cuarta ronda.

La vida en las Menores no fue fácil. Nunca lo es. Cody tuvo problemas para hacer contacto con la bola y su ratio de strike outs se disparó. Además en una organización plagada de estrellas él era uno más. La prensa se deshacía en elogios hacia Corey Seager, Julio Urias o José De León, pero su nombre sonaba poco. Hasta su debut en las Mayores…

El pasado 25 de abril una serie de lesiones le abrían una pequeña ventana por la que Bellinger se colaba. Con discreción primero; un hit en su primer partido. Con más confianza a medida que veía que se le daban oportunidades. En mayo demostró lo que todo el mundo creía ver en él: ser un slugger que se poncha demasiado. En junio ha ajustado su swing de manera asombrosa y se ha convertido en una de las sensaciones del año. Tanto que está mirando a Aaron Judge de tú a tú.

El 19 de junio Bellinger hacía historia. Y decir eso en la MLB es mucho. En la primera entrada recogía una slider de Wheeler al centro de la zona y mandaba la bola a las gradas del Dodger Stadium. Era su vigésimo home run en solo 51 partidos. De esta manera empataba el récord de Gary Sánchez (2016) y de Wally Berger (1930). Pero Bellinger no quería compañía. En su siguiente at bat repitió. Otra slider de Wheeler y otro cuadrangular.

No sabemos desde donde vería esto su padre. Quizás desde casa. Quizás en el parque de bomberos, con sus compañeros. Quizás, incluso, estaba en el estadio y lo vio en vivo. Lo que si sabemos es que Clay cambiaría cada uno de sus tres anillos de campeón por estar donde está ahora su hijo. También es muy probable que Cody renunciara a mucho de lo que esta haciendo si se le prometiera ganar tres Series Mundiales. La vida es muy puñetera.