Del Sueño a la Pesadilla. Miguel Ángel Pariente Álvarez

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Miguel Ángel Pariente Álvarez, 52 años, natural del madrileño barrio de San Blas, lideró la selección española que tan buen papel desempeñó en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Historia viva, en sentido literal, de los mejores y peores años de la pelota hispana. No podemos encontrar a nadie en nuestro béisbol que hable tan claro, sin hipocresía, sin regalar oídos, sin morderse la lengua.

Actualmente, dirige la Escuela Municipal de Béisbol de Madrid, haciendo lo que más le gusta, contagiar su ilusión por el béisbol a los chavales, por más que éstos se enfrenten al confuso presente e incierto futuro del béisbol español. Le pedimos que nos hablara de sus sueños y sus pesadillas….

 

Por el 1988, jugando un mundial cualquiera, en Italia, para ser más concreto en Florencia, se nos comunicaba que Barcelona, España, iba a organizar las Olimpiadas del 1992 y el béisbol iba a ser olímpico por primera vez. Para algunos fue una gran noticia (federativos y demás) para otros (los jugadores) fue un algo más que ni tan siquiera sabíamos si íbamos a estar.

La verdad que, a la vuelta de ese mundial, ya se notó que algo empezaba a cambiar. Para algunos, no a todos (+- 6) se nos otorgó la famosa beca ADO (sin decir cifras) la cual te obligaba a todo (viajes, torneos, campeonatos, pruebas físicas, etc…, etc….,), sin preocuparles a nadie si trabajabas, estudiabas o situación personal, solo querían que jugaras y ya. Fueron momentos bonitos, jugamos eventos impresionantes, viajes interminables a sitios que jamás podría imaginar. Íbamos a sitios donde se suponía que nos enseñarían la esencia del beisbol y la verdad que quitando los partidos poco nos aportaban. De ahí pasamos a ir a la meca del beisbol a los EEUU, la ilusión de cualquier beisbolero, te levantabas con la bola y te acostabas con ella, como de cualquier profesional se tratara (en el trabajo no en la pasta).

Desde ese famoso año 1988 jugamos, europeos, torneos internacionales, copas intercontinentales y por supuesto tu respectiva liga española, copa del Rey y demás, te ponías al final del año con unos cuantos de partidos en las espaldas.

Los años pasaban y cada vez quedaba menos para el esperado evento llamado “Olimpiadas”. A principios del 92 nuestra vida era solo para dicho evento, desde principios de año partidos, entrenamientos, solo vivíamos para el beisbol y para la selección olímpica, joder que bonito suena. Volvimos de uno de esos viajes maravillosos en los cuales aprendíamos tanto beisbol que éramos ya masters de tanto aprender, solo nos faltaba aplicarlo, ya quedaba nada para las ansiadas olimpiadas. Nos concentraron en Castelldefels, sitio bonito, playa, partidos, entrenamientos y un lavado de cabeza diariamente de lo afortunados que éramos por estar allí.

Era un momento excitante y especial, eso nadie lo puede negar, estoy seguro que mucha gente se hubiera cambiado por nosotros en ese momento, pero seguro que en los momentos anteriores no y menos dejando todo lo que tuvimos que dejar para estar allí.

El día del desfile fue algo impresionante, algo indescriptible, algo que sé que jamás lo volveré a sentir. La gente aplaudía, gritaba de júbilo y felicidad, se sentía parte de todo aquello, solo querían celebrar y compartirlo. Increíble.

De ahí pasamos a la competición, era momento de demostrar. El primer partido: España-EEUU, joder que mierda pensarían algunos… (todo el equipo americano eran futuros grandes ligas, todos fueron estrellas). Pensamos que no iba a ir casi nadie al estadio, y cuando vimos ese estadio nuevo de L’Hospitalet lleno a reventar te sale el amor patrio henchido el corazón y para adelante. Así fue, hice el primer out de la olimpiada para España, el primer hit y la primera carrera. Hicimos un gran partido y no fue fruto de la casualidad, fue por nuestro esfuerzo y talento. Fuimos jugando día a día y los resultados no mejoraban y solo decían que era lo esperado, pero, ¡¡ y un huevo!!!, ganamos a Puerto Rico en el último partido, tuve la satisfacción de impulsar la carrera de la victoria, momento histórico, momento espectacular. Lo celebramos como si hubiésemos ganado la Olimpiada, todo era felicidad y por lo que se ve lo dirigentes estaban muy satisfechos, no por lo ganado si no por lo iban a vender con ese triunfo.

Días más tarde vuelta a la realidad, de vuelta a casa. Vuelves como un héroe para tus padres, hermanos, vecinos, etc…. Pero,  ¡¡¡ coño!!!, ¡¡¡ novia no!!!, ¡¡¡amigos no!!!, No majo no…. Ahora ibas a pagar esas consecuencias de exclusividad deportiva, de esas idas y venidas, de eso de aparcar el mundo y creer que te subes a él cuando quieres. Pasan los días y ya no eres un héroe, ya no llegan cartas a casa de tu federación con esas convocatorias masivas, ellos siguen teniendo su trabajo y tú tienes que empezar a buscarte la vida. En tu CV que muy bonito lo de que fuiste olímpico en el 92 pero eso no te da nada y nada dio en esos años, pues la beca que me daban era ridícula, solo te movía el amor por un deporte. Lo bonito era que todos los años el comité olímpico te mandaba un christmas por Navidad y una camiseta con el escudo olímpico, la talla era lo de menos (XXL) pero era un detalle cojonudo. Yo me quedé más tranquilo cuando crearon la figura del tutor del olímpico, me descojono. Vamos, está bien para dar curro a alguien que ellos quieran pero dar curro a los demás……… y las pruebas me remito,  Yo pedí ayuda para que contactaran con una empresa, no para que me metieran, si no que ya que ellos dicen que ser olímpico es un título, pues coño, házselo saber y si viene a bien y le mola que me cojan…, contestación del señor tutor del olímpico: “no se puede estar avasallando a las empresas” y me pregunto yo, ¿Este tío a que se dedica?, ¿Qué hace? Bueno sí, a decir mentiras en la televisión y engañar a jóvenes que tienen ilusión por un deporte, los únicos que viven son ellos, los no deportistas.

Ahora con respecto a mi selección querida nada puedo decir excepto que ya no juegan españoles, que buscan por donde sea para que jueguen los no españoles que no sienten ni los colores, ni la bandera y menos el himno, y no por nada, es que no les suena.

Para despedirme, solo quiero que todo el mundo haga deporte y se divierta, ese mundo tan bonito que venden algunos ni lo es y si quieren que lo hagas que lo paguen, nosotros íbamos a nuestra selección por nada, pregunta cuánto les dan por venir a jugar y quedar como quedaban los españolitos.

 

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