El arte de llamarse Mookie.

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Un decepcionante 2017 terminaba de una manera no menos decepcionante. Octava entrada del cuarto partido de las Series Divisionales de la Americana. Los Astros se habían hecho ya con dos juegos e iban ganando 5-4 en Fenway. Con dos outs Mokkie Betts va al cajón de bateo y consigue llevar su turno hasta el 3-2. Por un momento Boston soñó con un homer de su estrella. Un batazo que alargará una de esas noches de octubre en las que trasnochar no importa. Pero 2017 no era el año de Mookie. Un bateo rodado avanzó manso hacía el montículo. Giles recogió la bola y la lanzó a primera. Así terminaba el año para Betts.

No fue una mala temporada para el jardinero de los Red Sox. Su segundo Guante de Oro confirmó que estamos ante uno de los mejores defensores de la liga. Acumuló más de 100 carreras impulsadas y anotadas por segunda temporada consecutiva. Y también logró encadenar otro año con más de 20 homers y más de 20 bases robadas.

Pero el año fue decepcionante. En 2016 compitió con ese marciano llamado Mike Trout por el MVP. En 2017 estuvo lejos del pequeño Altuve, ganador del galardón. Su bate no estuvo tan caliente como se esperaba.

A pesar de conseguir mejorar su disciplina (su BB/K pasó de 0.61 en 2016 a 0.97 en 2017) vimos como toda su línea de bateo disminuía sensiblemente. Podríamos culpar a la “mala suerte”. Betts es un jugador que siempre ha tenido el BABIP por encima del 0.300. En 2016 cayó hasta el 0.268. Pero no todo fue mala suerte. Mookie vio como su porcentaje de line drives (esos batazos rectos y duros que habitualmente se convierten en extra bases) caía de un 19.3% a un 16.8%. Al mismo tiempo sus golpeos suaves a los jardines y sus infield fly aumentaban.

El 2017 de los Red Sox fue muy malo desde el punto de vista ofensivo. Ni Farrel ni Chili Davis, entrenador de bateo, supieron hacer ajustes a lo largo de la temporada. Los dos salieron del equipo durante el invierno. Para suplir a Davis se trajo a Tim Hyers y los cambios en la manera afrontar los at bats son evidentes.

La principal diferencia es que los bateadores están siendo mucho más agresivos al atacar pitchs dentro de la zona de strike. En 2017 Boston fue el equipo que menos swings hacía a lanzamientos dentro de la zona, en 2017 es el segundo que más hace. Además son el cuarto equipo que más contacto consigue dentro de la zona, el séptimo que más bolas pone en juego y el cuarto que menos se poncha. Una fórmula que los Astros demostraron  bastante exitosa.

Uno de los que más se ha beneficiado del nuevo hitting coach es Betts, al que ya conocía de cuando fue coordinador de bateo de las Menores de los Red Sox. La mayor virtud de Betts como bateador es su capacidad para reconocer lanzamientos. Su cerebro funciona a una velocidad asombrosa. Si a esto le añadimos un coordinación ojo-mano increíble y un físico de jugador de NBA (bajito, eso si) nos encontramos con una mezcla explosiva.

Es por esto que tanto Hyers como Cora quieren que Mookie haga swing a absolutamente todo lo que vaya dentro de la zona de strike. Cuanto más se mueve su bate mejor jugador es. “No es ir a por lanzamientos solo por ir,” ha dicho Cora. “Eso sería una mala decisión. Ataca lanzamientos que van al centro de la zona y está haciendo muchísimo daño.” Betts está dando la razón a sus entrenadores. Destroza todo lo que va cerca de su bate pero se mantiene alejado de los pitchs fuera. Es el octavo jugador que menos swings hace fuera de la zona de strike.

En la primera tabla vemos los lanzamientos que Betts abanicaba en sus tres primeras temporadas completas en las Mayores. En la segunda los pitchs que ataca en 2018. Vemos como sus porcentajes han aumentado en prácticamente todos los spots de la zona de strike y han disminuido fuera.

Swing% de Betts entre 2015 y 2017. Extraído de FanGraphs.com
Swing% de Betts entre 2015 y 2017. Extraído de FanGraphs.com

 

 

Swing% de Betts en 2018. Extraído de FanGraphs.com
Swing% de Betts en 2018. Extraído de FanGraphs.com

El crédito por el gran año de Betts no es mérito exclusivo de Cora y Hyers. La llegada de un auténtico estudioso del bateo como J.D. Martinez también parece haber sido de gran ayuda. “Siento que es con el compañero con el que mejor me llevo,” ha declarado el recién llegado. “Me pregunta muchísimas cosas sobre diferentes aspectos del bateo y como a mi me encanta todo eso hemos acabado siendo muy cercanos”.

Conviene recordar que el gran amigo de J.D. Martinez en Arizona era Pollock. Parece que ambos bateadores pasaban muchísimo tiempo en la caja de bateo que Pollock tenía en su casa. Antes de lesionarse el pasado de 14 de mayo Pollock lideraba la Liga Nacional en slugging. Betts lidera la Americana. Cosas que tiene hacerse amigo de J.D.

Lo cierto es que la llegada de Martinez a Boston parece haber iniciado a Mookie en el tema del launch angle y la fly ball revolution. Betts es el tercer jugador que más ha aumentado su launch angle con respecto al 2017. Según xStats ha pasado de un 14.1º a un 18.1º. El efecto más evidente de este cambio lo vemos en la velocidad de sus batazos. En este 2018 su exit velocity es de 92.2 mph, unas tres millas más que sus registros de años anteriores.

Betts y J.D. Martinez durante un entrenamiento.
Betts y J.D. Martinez durante un entrenamiento.

Esto convierte a Betts en una auténtica amenaza para los pitchers. Se enfrentan a un bateador que se poncha poco, tiene mucho contacto y ahora, además, es capaz de pegar con mucho poder. De hecho, a día de hoy, Mookie lidera  las Mayores en isolated power.

El único punto débil, por llamarlo de alguna manera, está siendo una incapacidad evidente para pegar con poder a la parte derecha del campo. De los 13 homers de Betts 12 han sido por el jardín izquierdo. Su OPS es de 1.813 cuando pega hacía la izquierda, su zona natural, pero de solo 0.688 cuando se ve obligado a golpear hacía la derecha.

Los datos nos muestran que los batazos de Betts van más hacía la parte derecha del campo cuando los pitchers buscan la zona exterior de la zona de strike. De hecho en las tablas anteriores vemos que en esas partes hace menos swings. Por lo tanto problema resuelto: a Betts hay que lanzarle fuera y ponerle un shift volcado hacía la derecha.

¡No es tan sencillo! Ya hemos dicho más arriba que las principales virtudes de Betts son su su capacidad para reconocer lanzamientos y su coordinación ojo-mano. Además Mookie conoce sus limitaciones perfectamente y no ataca pitchs fuera a menos de que vaya 0-2. Si pitcheas hacía esos spots corres muchos riesgos de que te canten bolas y en cuanto vuelves un poco dentro o fallas de localización el bate de Mookie, siempre rapidísimo te va a castigar. Hace falta un pitcher con muchísimo command y control para hacer daño a Betts.

El tópico dice que no va a aguantar estos números durante toda la temporada, que habrá una regresión. Pero parece claro que un bateador que ya era muy peligroso ha conseguido llevar su calidad un escalón más arriba.

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