El entretenidísimo drama de los Rockies y los D-backs.

Ha terminado el período de traspasos. Ya no hay medias tintas. Los equipos se han quitado la careta y los que están dispuestos a competir han sacrificado a alguno de sus prospects para tener más opciones de ganar en este 2017. Aquellos que aspiran a llevarse su división y que todos vemos luchando por un sitio en las World Series no han dudado en poner toda la carne en el asador.

Hemos visto como unos jóvenes e impertinentes Yankees se atreven a ir a por los Red Sox. A unos Royals que se niegan a morir. A unos Breweres que desafían toda lógica y creen que pueden con los Cubs. Y a los Nats y a los Dodgers reforzar todavía más sus candidaturas.

Sin embargo hay dos equipos cuya presencia en octubre resulta algo más incierta y que aun así han decidido apostarlo todo. Rockies y D-backs son dos de los mejores equipos de la MLB, pero han tenido la desgracia de compartir división con unos Dodgers con pinta de Récord Guinness. La dictadura de los Californianos va a obligar a que Arizona y Colorado tengan que pelear a cara de perro por un puesto en el siempre ingrato partido de wildcard. Partido en que, salvo sorpresa mayúscula, se enfrentaran.

 

 

Aunque sus opciones de jugar playoffs estén en el aire ninguna de las dos franquicias ha adoptado un comportamiento conservador. Todo lo contrario. Son dos mercados pequeños que no están acostumbrados a estar por encima del .550 en agosto. Han visto que tienen una oportunidad y no han dudado en aprovecharla.

Lo Rockies han cubierto dos de las posiciones en las que andaban más necesitados: un relevo diestro y un catcher. Los dos principales relevistas de los Rockies después de Holland son McGee y Rusin, dos zurdos. Para subsanar esta situación consiguieron hacerse con los servicios de una de las piezas más cotizadas del mercado: Pat Neshek. El diestro está firmando una gran temporada que le supuso jugar el All Star por segunda vez en su carrera.

Lo de fichar a un Jonathan Lucroy en horas bajas para ocupar la receptoría es una decisión algo más desesperada pero en la que no tienen mucho que perder. Ni Wolters ni Hanigan están aportando nada, de hecho los catchers de los Rockies son los peores de la liga en WAR. Es cierto que el año escaso de Lucroy en Texas ha sido una decepción mayúscula, pero si consigue ser la mitad de lo que fue en los Brewers mejorara mucho al equipo de las Rocosas.

Los D-backs solo han realizado un traspaso importante, pero son un equipo muy completo y que no necesitaba de grandes cambios. Su único handicap es su juventud y su bisoñez. Si quitamos a Greinke son pocos los jugadores que han competido por algo. Para intentar darle más empaque al lineup y al vestuario han apostado por J.D. Martinez.

Es una pena que uno (o los dos si ocurre un cataclismo) de los dos no vaya a estar en octubre. Son dos organizaciones poco conocidas y cuyo exotismo hace que no despierten las fobias de otras franquicias. Hasta resultan simpáticos. Además están desplegando un juego fresco y vistoso que los está convirtiendo en dos de los equipos más divertido de ver de todo el 2017.

Aún nos queda mucha temporada, pero los siete choques que aún deben disputar Rockies y D-backs son obligatorios. Un cursi diría must see TV. Por no hablar de ese hipotético partido de wildcard en el que lo más probable es que se midan una vez más. Para ellos va a ser un drama. Para nosotros una delicia. Pongan cervezas a enfriar y disfruten.

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