Puig se hace mayor.

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En junio de 2013 un chico cubano de 22 años debutaba con los Dodgers. Tardó poco en convertirse en el fenómeno del año. En apenas cuatro meses cosechó éxitos suficientes para acabar segundo en las votaciones de Rookie del Año (el ganador fue José Fernandez) y décimo quinto en las de MVP. Había nacido una estrella.

En 2014 Yasiel Puig demostró que lo sucedido en 2013 no era casualidad. En ataque era un jugador de lo más completo. Contacto, poder, piernas y un físico privilegiado que hacían creer que podía llegar a cualquier lado. Además poseía un brazo espectacular que le hacía copar los highlights defensivos. Ese año jugó el All Star y los Dodgers lo convirtieron en la cara de la franquicia.

Entró en el 2015 borracho de fama. Convertido en la portada del videojuego MLB: The Show y siendo noticia dentro y fuera del diamante. Sus excentricidades y sus aires de enfant terrible lo convirtieron en un habitual de la prensa amarilla mientras que los más puristas le miraban con cierto recelo.

Las salidas de tono de Puig se hubieran aceptado si hubiera seguido aportando, pero el 2015 fue horrible. Las lesiones se cebaron con él y los pitchers le cogieron la matrícula. Detectaron sus puntos flacos y su tendencia a perseguir prácticamente cualquier bola. Bastaba con lanzar fast balls dentro y off speeds fuera para que Puig cayera eliminado. Su porcentaje de bases por bolas (BB%) descendió y el de strikes (K%) se hinchó.

Tabla elaborada en fangraphs.com

En 2016 la tendencia siguió. Puig pasó de jugador con peso ofensivo a pelotero average con fama de ser caprichoso y tener mala cabeza. Por no hablar del insano hábito de no aceptar consejos. Los Dodgers lo mandaron a las Menores, lo pusieron en waivers y buscaron su salida a toda costa. Estuvo muy cerca de irse del equipo.

Quizás Puig le vio las orejas al lobo. Quizás Dave Roberts ha conseguido hacerlo entrar en razón. Quizás ha sido ver como Turner, Seager y Bellinger se convertían en las auténticas estrellas mientras él quedaba de lado. Lo cierto es que el cubano parece haber enfocado el 2017 de una manera distinta.

Ha decidido tomar a Justin Turner como modelo a seguir y ha entrenado con él para modificar su swing. Está intentando poner más bolas en el aire y a pesar de no tener un gran promedio de bateo si que está consiguiendo remolcar carreras. Al mismo tiempo se ha mostrado mucho más paciente en el cajón y está acumulando el mejor porcentaje de bases por bolas de su carrera mientras que reduce los strikes.

Puig mejoró sus números en 2017.
Tabla elaborada en fangraphs.com

En defensa nadie dudó nunca de su brazo, pero lo habitual era que combinara jugadas espectaculares con pifias sonrojantes debido a su falta de concentración. También ha trabajado en este aspecto. Parece más centrado que nunca y luchara por hacerse con el Guante de Oro.

Puig nunca será MVP. Está lejos de ser el jugador que creímos que sería en 2013. Pero tampoco es el niñato inmaduro que hemos visto más recientemente. Parece haber encontrado su lugar en la liga y en los Dodgers. Ha dejado de ser ese tío prepotente y con ínfulas de estrella y está ayudando a su equipo a ganar. Podríamos decir que ha madurado.

 

 

 

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