No. 84: Frankie Frisch. Mejores Jugadores de la Historia del Béisbol

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En muchos sentidos, Frankie Frisch definió el Salón de la Fama del Béisbol. The Hall of Fame no está realmente definido por Ruth y Musial, Mays, Mantle, Seaver y demás. Ellos están en el Salón de la Fama de TODOS. No, el Salón de la Fama se define por sus miembros más marginados. Frankie Frisch es en gran parte responsable de muchos de ellos.

Frankie Frisch, como han señalado Bill James y otros, vivió una vida placentera cuando era joven. Creció en una familia rica en el Bronx, y pasó la mayor parte de su infancia practicando deportes. Era un atleta maravillosamente dotado. Se le llamó “The Fordham Flash”, no por su velocidad jugando al béisbol mientras estaba en la universidad, sino por lo bien que corría. En 1918, jugó para el segundo equipo de fútbol americano de Walter Camp como Halfback, el actor y defensor de los derechos civiles Paul Robeson jugaba en el primer equipo. Frankie Frisch también fue el capitán del equipo de baloncesto.

Le encantaba el béisbol más que nada. La suya era, básicamente, la vida de todos los estadounidenses. Se casó con Ada Lucy cuando tenían 20 años, crecieron en la misma calle. Se suponía que entraría en el negocio de encaje y lino de su padre, pero en 1919 conoció al mánager de los Giants, John McGraw, trabajó para él y firmó un contrato para jugar. Ese mismo año, obtuvo casi 200 apariciones en el plato con los Giants. Al año siguiente, fue, más o menos, el segunda base de todos los días del equipo de Nueva York. El año siguiente bateó .341, robó 49 bases, anotó y empujó 100 carreras.

Frisch era un jugador hiperactivo, el apodo de “Fordham Flash” se lo dieron porque jugaba el juego a gran velocidad. Fue un bateador ambidiestro que lideró la liga en bases robadas en tres ocasiones, conectó 17 triples en una temporada, bateó para .316 de por vida y jugó una magnífica defensa en la segunda base. En 1927, mientras jugaba para los Cardinals, tuvo 641 asistencias, lo que sigue siendo un récord. Su 4.4 WAR defensivo ese año es el más alto para un segunda base.

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¿Cómo de frenético era su juego? Míralo de esta manera: Pete Rose aprendió el juego de su padre. El padre de Pete idolatraba a Enos Slaughter. Enos Slaughter aprendió el juego de Frankie Frisch. Los Giants de Frankie Frisch fueron el equipo dominante de la Liga Nacional de principios de la década de 1920. Aparecieron en cuatro Series Mundiales consecutivas, de 1921 a 1924. Luego, en 1927, fue cambiado a San Luis por Rogers Hornsby – él y McGraw estaban en boga de todo el mundo – y luego los Cardinals fueron el equipo dominante en la liga desde 1928 hasta 1934, apareciendo en cuatro Series Mundiales en siete años. Frisch fue, indudablemente, un motivo importante para el éxito de ambos equipos. Era un gran jugador y un líder natural: fue jugador / manager de los grandes Cardinals de 1934, que ganaron 95 partidos y la Serie Mundial.

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A medida que pasaron los años, fue también presidente, director ejecutivo y Rey del club “In my day”, donde los jugadores hablan de como deberían ser las cosas para ser mejores (un rol que Bob Feller llenó muy bien después de la muerte de Frankie Frisch). Como gerente, entraba en el clubhouse y supuestamente ladraba, “¿Te llamas a ti mismo jugador de béisbol?” Frisch, después de su retiro, se quejaba incesantemente sobre lo duro que era trabajar con los jugadores, cómo deberían jugar mejor, cómo deberían jugar de forma más inteligente, cómo el juego les debería importar más… Frisch era, según se cuenta, un hombre encantador y un buen narrador de historias, pero tarde o temprano empezaría a hablar sobre cómo el Spring Training se había convertido en un club de campo, y los jugadores ya no sabían cómo conseguir un bunt, y cómo ni siquiera se avergonzaban cuando los ponchaban. El propio Frisch raramente lo eliminarían por Strikeout más de 15 veces en una temporada, y sólo en dos temporadas de su larga carrera lo eliminaron por Strikeouts 20 veces.

Este tipo de romanticismo del pasado generalmente es inofensivo, pero nos encanta recordarlo. En 1967 Frisch fue nombrado miembro del comité de veteranos del Salón de la Fama del Béisbol, donde estaba listo para cambiar toda la fisonomía del Salón. Una mirada rápida a ese comité muestra que Charlie Gehringer era el único gran jugador en el momento en que Frisch llegó, y Gehringer era un hombre tranquilo y pasivo que asistía a la misa con su madre todas las mañanas mientras jugaba. Así que Frisch naturalmente se convirtió en el perro alfa del comité: los periodistas deportivos y los ejecutivos del comité se encontraron cediendo ante su voluntad. ¿Qué podrían decir, después de todo? Él era Frankie Frisch. Ellos no lo eran.

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Así que, de 1970 a 1973, el comité de veteranos de Frisch metió en el Salón de la Fama a: Jesse Haines, Dave Bancroft, Chick Hafey, Rube Marquard (corrección BR: Marquard no era compañero de equipo de Frisch), Ross Youngs y George Kelly – todos antiguos compañeros de equipo de Frisch-. Frisch murió en 1973 después de un accidente automovilístico, y en los siguientes años el comité eligió a Jim Bottomley, Freddie Lindstrom y Travis Jackson, quienes también fueron ex compañeros de equipo de Frisch (los dos últimos también fueron compañeros de equipo de Bill Terry, quien se convirtió en el miembro del comité dominante tras la ausencia de Frisch).

Son ocho jugadores, todos ex compañeros de Frisch, y si bien todos eran buenos jugadores, seamos sinceros, ninguno de ellos debería pertenecer al Salón de la Fama. Pero están ahí, y con ellos allí, básicamente, puedes discutir sobre cualquier buen jugador como miembro del Salón de la Fama. Digamos que crees que Mark Grace debería estar en el Salón de la Fama. Bueno, Mark Grace era casi seguro mejor que George Kelly o Jim Bottomley, ambos primeros bases en la lista de Frisch. Entonces tienes un argumento para meterlo en el Hall of Fame.

Todo esto, por supuesto, no tiene nada que ver con que Frisch sea un jugador fantástico de béisbol.

 

Artículo original de Joe Posnanski

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