La segunda venida de David Price

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Cuarenta días después de Su resurrección, Jesús y Sus apóstoles estaban reunidos en el Monte de los Olivos. Había llegado el momento en que Jesús debía dejar la tierra; ya había terminado la obra que se le había encomendado y tenía que regresar con nuestro Padre Celestial hasta el momento de Su segunda venida.

Luego de dar instrucciones a Sus apóstoles, Jesús ascendió al cielo. Mientras los apóstoles miraban hacia el cielo, dos ángeles se pararon junto a ellos y les dijeron: “…Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre vosotros arriba al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” 

Desde ese día hasta el presente, los seguidores de Jesucristo esperan con ansiedad la Segunda Venida.

Hechos 1:10-11


Con la primera elección del draft de 2007 los Tampa Bay Devil Rays draftearon a un pitcher zurdo que parecía destinado a marcar una época. Había un consenso absoluto en la liga: solo él podía ser el número uno. No solo había sido dominante en su etapa universitaria, sino que era un producto acabado. Estaba listo para debutar en las Mayores.

Su bola rápida era letal para bates zurdos y diestros. Alcanzaba las 92/94 millas con facilidad y tenía muchísimo movimiento. David Price la convirtió en su arma principal. En su último año con la Universidad de Vanderbilt ese lanzamiento le ayudó a acumular 194 strikeouts (fue líder indiscutible del país). Pero lo que resultaba todavía más sorprendente era su control. Los pitchers jóvenes tienden a dar muchos boletos. No era el caso de Price. En esa última temporada universitaria consiguió un K/BB de 6.26.

Esto decía de él la guía Baseball Prospect del 2008: «El mejor pitcher disponible en el draft del 2007, el ace de Vanderbilt David Price, fue elegido en la primera posición. Debería debutar en 2008 o en 2009 si las cosas no se le dan bien. Tiene todo lo que necesita un lanzador novato. Es atlético, inteligente y confía en si mismo. Lanza en torno a las 90/92 millas pero llega a las 93/95 si se los propone. Su slider es excelente. Su cambio de velocidad es excelente. Su control va de muy bueno a excelente. Es seguro y un gran competidor. Su mecánica es muy fluida y no hay nada que haga apuntar a que el riesgo de lesiones sea elevado. Suponiendo que no se lesione David Price debería ser un abridor número uno en Grandes Ligas.»

Y quince meses después de ser seleccionado por los Rays, con solo 22 años, hacía su debut en la Gran Carpa. Y nada menos que en el Yankee Stadium y ante un lineup que incluía a Jason Giambi, Alex Rodriguez, Derek Jeter, Johnny Damon y Robison Cano. Aguantó seis entradas en la lomita. Permitió tres hits y dos carreras. Un inicio ilusionante.

Solo lanzó nueve entradas más durante ese mes de septiembre de 2008, pero a finales de mayo del año siguiente se hizo con un hueco en la rotación. Terminó la campaña con un récord de 10-7 y un ERA de 4.42. Las sensaciones fueron buenas, especialmente para un chico de 23 años, pero el control fue un problema. Price dio 54 bases por bolas en 128 entradas lanzadas.

El 2010 ya si que estuvo a la altura de las expectativas. Su bola rápida se asentó en las 95 millas y cada vez fue capaz de lanzarla con más control. Combinaba una recta tradicional (que lanzó el 54.36% de las veces) con una sinker (20% de las ocasiones). David Price superó las 200 entradas y su ERA (2.72) fue la séptima más baja de las Mayores.

Durante aquella temporada muerta el zurdo trabajó mucho en su sinker. Consiguió situarla en las 95 millas y lo convirtió en su lanzamiento estrella durante el 2011 (lo lanzó en un 50% de las ocasiones). Consiguió 104 ponches con él. Fue su año de confirmación. Superó de nuevo las 200 entradas y su ERA, sin ser espectacular, fue un buen 3.49. Se convirtió en uno de los principales power pitchers de la liga y tocó las 99 millas en varias ocasiones.

2012 fue el primero de sus años mágicos. 20 victorias y un ERA de 2.56 le valieron para ganar el Cy Young. El secreto de su éxito fue la incorporación de la changeup y la cutter a su arsenal. Price no disponía de un «lanzamiento de autor». Nunca ha tenido algo parecido a la curva de Kershaw, la slider de Sale o la bola rápida de Scherzer. Su mayor fortaleza ha sido la mezcla de todos sus pitchs. Su sinker ha destrozado a los zurdos, la cutter ha sido una pesadilla para los diestros mientras que un gran control sobre la recta y la changeup le han ayudado a establecer perfectamente la zona de strike.

En la Tabla 1 (% de cada tipo de lanzamientos de David Price en cada una de sus temporadas en las Mayores) vemos como la cutter y la changeup igualan en uso a la recta durante el 2012. Esto fue muy importante para Price porque las diferencias entre su sinker y su bola rápida han sido siempre muy pequeñas. Su sinker no se «hunde» tanto como lo hacen otras. Esto limitaba mucho sus enfrentamientos y le hacía algo previsible. La incorporación de los dos nuevos lanzamientos es lo que le dio un dominio mucho mayor sobre los bateadores.

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Tabla 1 (% de cada tipo de lanzamientos de Price en cada de una de sus temporadas en las Mayores)

En las tres temporadas siguientes David Price siguió siendo, a grandes rasgos, el mismo pitcher. Es cierto que sus dos lanzamientos estrellas, sinker y recta, perdieron algo de velocidad pero continuó rindiendo a gran nivel.

En el verano de 2014 los Rays lo traspasaron a un equipo que iba a por todas: los Detroit Tigers. Y allí coincidió con un bateador veterano que ese mismo año había pasado de apestado a All Star gracias a algo que ha sido bautizado como «flyball revolution». La historia de J.D. Martinez es de sobra conocida por todos y no hay que repetirla. Lo curioso de este encuentro es que al año siguiente, en 2015, la sinker de Price pasó de ser su lanzamiento más usado en 2014 (40%) a ser superado por la recta e igualarse con su changeup.

La sinker es un lanzamiento que ha ido perdiendo presencia en la liga a medida que más y más bateadores se han ido sumando la «flyball revolution». Es el lanzamiento preferido de estos pegadores. Cuando se lanza una sinker se busca un caída brusca de la pelota al final de la trayectoria. Esto provocaba que la mayoría de los bates la conectaran «por arriba» y el batazo se convirtiera en una mansa bola rodada que moría en las manos de los infielders. La preocupación por el «launch angle» y los swings marcadamente ascendentes encontraron en las sinkers a un blanco perfecto. De hecho es un lanzamiento que cada vez se usa menos.

Esto que le hace Laureano a Leake es lo que tiende a pasar ahora cuando abusas de la sinker

Volviendo a David Price. No sabemos si hubo algún consejo de Martinez al pitcher, pero lo cierto es que en 2015 el zurdo redujo significativamente el uso de su sinker y firmó la mejor temporada de su carrera. Es el año en que fue traspasado a los Blue Jays a mitad de verano. Consiguió llevar a los canadienses a octubre protagonizando un tour de force espectacular. En las 11 aperturas que hizo en Toronto Price sacó a relucir toda su categoría. Nunca antes se le había visto a ese nivel.

Una parte importante de ese éxito residió en sustituir la sinker por la changeup. Un lanzamiento en el que nunca había creído mucho y que en 2015 se convirtió en su arma principal. Lo lanzó más rápido y con más movimiento que nunca. Le valió para conseguir 66 strikeouts.

Ese mágico 2015 le sirvió para obtener un contrato multimillonario. Los Red Sox le ofrecieron 217 millones por siete años. La mayor cantidad obtenida por un pitcher. Y ahí empezaron los problemas.

Su primera temporada en Boston no fue mala, pero tampoco buena. Y desde luego no se correspondió con su salario. David Price volvió a convertir la sinker en su lanzamiento principal, pero ya no era la misma. Su velocidad había disminuido más de una milla y los bateadores se cebaron con ella. La batearon para un promedio de .261 y un slugging de .460. Lo mismo sucedió con el resto de sus lanzamientos, solo su changeup se salvó de la quema.

Número y resultados de los lanzamientos de Price en 2016. Fuente: Brooks Baseball. david price boston red sox beisbol mlb beisbolmlb
Número y resultados de los lanzamientos de Price en 2016. Fuente: Brooks Baseball.

El 2017 estuvo plagado de lesiones y polémicas. La prensa y los aficionados de Boston no entendían a Price y Price tampoco los entendía a ellos. Los rumores sobre una posible cirugía Tommy John y el enfrentamiento con Dennis Eckersley pusieron su popularidad por los suelos.

Price jugó poco. Once aperturas desparramadas entre junio y julio. Tampoco estuvo brillante. Una ERA de 3.89 y esa tozuda confianza en una sinker que cada vez valía para menos. La lanzó en un 45% de las ocasiones con resultados muy discretos. Además el abuso de ese pitch le robo protagonismo a la changeup, que aquella temporada recordó a la de 2015 (fue más rápida pero no llegó a tener tanto movimiento).

La resurrección de Price empezó durante septiembre y octubre de aquel 2017. Volvió de su lesión sin tiempo para entrar en la rotación, pero encontró un hueco en el bullpen. Lanzó 15.1 entradas entre el final de la temporada regular y los playoffs. No encajó una sola carrera y por primera vez Fenway le ovacionó.

Y llegó el 2018. Y los Red Sox se encontraron por primera vez con el pitcher que habían fichado. En 2015 Price era un lanzador en plena evolución. Iba camino de los treinta y la velocidad ya no estaba de su lado. Pareció entenderlo durante ese 2015 mágico, pero los dólares de los Red Sox le nublaron la vista y cortaron su progresión. Durante sus dos primeras temporadas intentó ser el que había sido en 2012, pero su brazo  ya no era el mismo.

En 2018 Price se centró en mezclar más sus lanzamientos y en hacer que todos ellos lucieran similares. Lo que los expertos llaman tunneling. Esto consiste, a grandes rasgos, en hacer que los pitchs luzcan prácticamente iguales entre si a ojos del bateador. Cuando este tiene que decidir que tipo de swing hacer aún no sabe si lo que se le viene encima es una sinker o una changeup.

La dichosa sinker perdió importancia en su repertorio y ese lugar fue ocupado por la cutter y la changeup.

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La redención definitiva para Price, y la confirmación de que su futuro en la liga pasa por la changeup, se produjo en el quinto partido de las Series de Campeonato ante los Astros.

En su apertura anterior, en el segundo juego, Price había estado mal. No pasó de la quinta entrada y encajó cuatro carreras. De los 80 lanzamientos que realizó solo 9 fueron changeups. Ese mantra de que no sabía rendir en octubre volvía a estar en boca de todos.

Y Price nos cayó la boca. En el quinto partido lanzó seis entradas sin permitir carreras. No cedió ninguna base por bolas, solo permitió tres hits y acumuló 9 strikes. 39 de sus 93 lanzamientos fueron chageups. Con ellos consiguió 12 swing and misses. «Hoy ha sido un lanzamiento especial,» diría Carlos Correa después del partido. «Nos ha hecho perseguirlo todo el rato.» 

Price sigue por la misma senda en 2019. Está mezclando todavía más sus lanzamientos. El más habitual es la changeup, que lanza el 26% de las ocasiones. El menos frecuente la cutter, el 21%. Entre ambas se sitúa la sinker y la recta. Un arsenal muy completo, equilibrado y con mucho trabajo de tunneling que le convierte en una auténtica interrogante para los bateadores. Poco importa que haya perdido velocidad.

Ya no es el power pitcher que fue, ese jugador se fue para siempre. Pero Price ha vuelto del purgatorio de los contratos-con-patas convertido en un pitcher nuevo. Uno que parece que tiene cuerda para rato.