Los Yankees con paso firme.

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Los Yankees dominaron el partido de principio a fin. Se adelantaron en la primera entrada y aguantaron las tímidas acometidas de los A’s sin demasiados problemas.

Unos pocos milímetros impidieron que Piscotty hiciera un catch espectacular. Esos mismo milímetros privaron a Voit de un home run que todo el Yankee Stadium estaba celebrando.  Y esos mismo milímetros acabaron con las esperanzas de los Athletics. Era la sexta entrada y el marcador era de 3-0 para los Yankees de Nueva York. Rodney había hecho un relevo espantoso y Blake Treinen había salido para minimizar daños. No lo logró.

Con corredores en primera y tercera el joven Luke Voit fue al cajón de bateo. Llevó a Treinen hasta los nueve lanzamientos y en el noveno conectó una bola elevada hacía lo profundo del jardín derecho. El estadio rugió y Voit levantó el brazo en señal de éxito. Pero lo que parecía un cuadrangular se fue acortando. Piscotty iba a llegar. En el último momento el jardinero saltó junto al muro del outfield y su guante se mezcló con las cervezas de los aficionados sin encontrar lo que buscaba. La pelota pegó en el muro y se alejó mansamente de un Piscotty desorientado.

Hicks y Stanton anotaron. Voit llegó a la tercera base. Lo que había parecido un home run se convirtió en un triple de dos carreras. Casi nada. En el siguiente at bat el propio Voit alcanzó el home después de una flyball de Gregorius. 6-0. Cabezas gachas en el banquillo de los A’s y aficionados Yankees que dejaban el estadio para no pillar atasco. Partido terminado.

No obstante, la victoria de los neoyorkinos se había empezado a fraguar mucho antes. En la primera entrada. El famoso opener de los A’s no tuvo su día. Hendricks concedió una base por bolas al leadoff hitter de los Yankees y a continuación cedió un cuadrangular a Judge.  Severino, sin embargo, cerró el primer episodio sin problemas. Diez lanzamientos le bastaron para retirar a los tres primeros bates visitantes.

A Bob Melvin no le tembló la mano. En el segundo inning tiró de bullpen. Lou Trivino subió a la lomita y con la ayuda de los infielders dominó a los Bombarderos durante tres entradas. Los A’s encontraron su ritmo y «ayudados» por sus rivales pusieron en cierto peligro la ventaja de los Yankees.

Severino fue de más a menos. Ponchó a siete bates, pero su falta de control puso a su equipo en muchos aprietos. En la cuarta entrada dos walks y un error de Andujar llenaron las bases. Semien no acertó a remolcar ninguna carrera, pero el miedo se había instalado en el Bronx.

El nerviosismo volvió en la siguiente entrada. La lógica indicaba que Severino no volviera a la lomita, pero Boone no lo sustituyo. Lucroy y Martini aprovecharon la situación. Sendos singles y ningún out. Entonces Boone tuvo que rectificar. Llamó a Betances y el diestro se encargó de apagar el conato de remontada. Retiró a seis bates de forma consecutiva.

El triple de Voit en la sexta entrada fue la sentencia de muerte para los A’s. Su mejor pitcher, un relevista, que incluso está en las quinielas para el Cy Young, se había desmoronado. Ayer Treinen concedió tres carreras. Son las mismas que concedió durante todo el mes de julio y más de las que concedió entre el 1 de agosto y el 30 de septiembre. El béisbol de octubre es un animal diferente.

En las entradas finales solo vimos un pequeño e intrascendente Home Run Derby. Khris Davis no pudo resistirse a irse del Bronx sin un cuadrangular. Stanton le dio la réplica antes de que Chapman (Aroldis, no Matt) cerrara el partido. Por segundo año consecutivo los Yankees entran en los playoffs vía wild card. Por primera vez desde el 2004 se enfrentaran a los Red Sox en una serie eliminatoria. El morbo está servido.

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