Lovullo y los D-backs ante la prueba del algodón.

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Tras años de decepciones parece que vuelve a haber esperanza para el béisbol en Arizona. El pasado invierno los propietarios de los D-backs decidieron revolucionar la manera de dirigir la organización y contrataron a Mike Hazen,  un joven sabermétrico que llevaba varios años fogueándose en los Red Sox.

Una de las primeras decisiones de Hazen fue hacer manager a Torey Lovullo, al que conocía bien de su época en Boston. Lovullo fue nombrado bench coach de los Red Sox en 2012 y desde entonces no le han faltado novias. Theo Epstein se lo quiso llevar a los Cubs en 2014, Dipoto también le ofreció la dirección de los Mariners y parece que Rangers y Twins estuvieron realmente interesados en él. Incluso la prensa de Nueva Inglaterra, cansada de Farrell, pidió en repetidas ocasiones que el banquillo de los Red Sox fuera suyo. Su oportunidad le ha llegado en Arizona y está superando las expectativas.

Con más de un cuarto de temporada disputada los D-backs se están confirmando como una de las grandes sorpresas de la MLB. A 28 de mayo tienen el cuarto mejor balance de las Mayores y parecen un equipo de lo más completo con clarísimas opciones de jugar en octubre.

A Goldschmidt y Pollock, las dos estrellas consolidadas del equipo, se les están uniendo un grupo de jóvenes de lo más interesante. Jake Lamb, Chris Owings, Brandon Drury, Nick Ahmed y Yasmany Tomas no superan los 27 años, sin embargo todo ellos están con un WAR igual o superior al 0.5 en los que llevamos de temporada.

De echo esto es uno de los pilares del éxito del equipo, todos sus jugadores de campo están aportando. El peso ofensivo del equipo recae mayoritariamente sobre Goldschmidt y Lamb, con apariciones puntuales de Pollock y Tomas. La defensa del infield está más que asegurada con Ahmed y Drury, una de las mejores parejas defensivas de las Mayores. En una categoría aparte habría que meter a Chris Owings. Está demostrando ser un jugador completísimo que es capaz de correr, pegar con contacto, tener cierto poder y además defender en varias posiciones.

El pitcheo abridor, una de las principales obsesiones de Hazen durante la temporada muerta también está siendo muy solvente. Las dos decepciones del 2016, Greinke y Miller, han rendido a buen nivel. El primero está con números de All-Star mientras que el prometedor inició de Miller quedo truncado por una lesión grave que lo va a tener fuera del montículo durante una  buena temporada.

Taijuan Walker, uno de esos jugadores al que llevamos años esperando, parece haber encontrado en la sequedad del desierto lo que no le daban los húmedos bosques de Seattle. Zack Godley, Patrick Corbin y sobretodo Robbie Ray cierran una rotación aseada a la que el retorno del mejor Greinke le da mucho empaque.

Lovullo felicita a Lamb después de un home run.

Ya hemos dicho que el balance de los D-backs es bueno (31-20 a 28 de mayo). Muy bueno, incluso. Sin embargo el equipo está encontrando problemas graves cuando juega fuera de su estadio. En Phoenix tienen un récord de 21-8 con un ERA de 3.76 (12ª de la MLB), un promedio de bateo de .295 (1º de la MLB), 47 cuadrangulares (1º de la MLB) y 175 carreras anotadas (1º de la MLB). En resumen, la mejor ofensiva de las Mayores cuando juega como local.

Sin embargo, las cosas fuera de Chase Field están siendo muy diferentes. En la carretera los D-backs tienen un discreto 10-12 debido al bajón experimentado por su ofensiva. El promedio de bateo baja hasta un ridículo .219 (peor de la MLB), las carreras anotadas se quedan en 78 (peor de la MLB y habiendo conseguido 19 de las 78 en dos choques ante los Padres) y los cuadrangulares se reducen a 24 (27º de la MLB). Solo un gran papel del pitcheo (ERA de 3.37) está haciendo que el descalabro de Arizona cuando juega como visitante no sea mayor.

Después de una serie de 15 partidos en los que los D-backs jugaron mayoritariamente en casa y donde lograron un balance de 11-4 les tocan 11 partidos lejos de Phoenix. Entre el 25 de mayo y el 4 de junio los D-backs visitaran Milwaukee, Pittsburgh y Miami.

Buena parte de sus aspiraciones están en juego en estas tres series. Si quieren seguir en la lucha por jugar en octubre deben mejorar como visitantes. Para ello cuentan con un manager como la copa de un pino. Un tío que parece el máximo candidato a ser elegido Manager del Año y del que Jake Lamb ha dicho que es el mejor entrenador que ha tenido en cualquier nivel a lo largo de su carrera.