Picores en el diamante

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En 1908 Jack Norwoth y Albert von Tilzer componían una cancioncilla que no tardó en hacerse tremendamente popular. La letra hablaba de una tal Katie Casey, una chica absolutamente loca por el béisbol que conocía todos los aspectos del juego y a todos los jugadores.

El estribillo de esa canción se convirtió rápidamenete en el himno oficioso de esa MLB primitiva. Ya habrá imaginado el lector que estamos hablando del Take Me Out to the Ballgame. La canción sigue muy viva a día de hoy, pero en los años siguientes a su composición se desató un auténtico fanatismo que llegó a su clímax en 1949, cuando la Metro-Goldwyn-Mayer produjo una película musical de trasfondo beisbolero que se titulaba precisamente Take Me Out to the Ballgame y que contaba con el trío formado por Frank Sinatra, Gene Kelly y Jules Munshin.

Tras el éxito de Norwoth y von Tilzer fueron muchos los compositores que se lanzaron a componer cosas similares. Composiciones ligeras y alegres pensadas para ser interpretadas al piano mientras que la audiencia se encarga de cantar en grupo. Las letras solían tener temáticas amorosas. Chicas que querían ir al béisbol con su novio o que querían ir al estadio por estar enamoradas de algún jugador.

Todas son muy similares. Explotación pura. Mucho amor platónico y mucha castidad. Lo único que se percibe en alguna de ellas es cierta reivindicación sobre los derechos de la mujer en tanto y cuanto que estas son aficionadas a un deporte eminentemente masculino. Pero todo muy burgués y muy puritano, no piense el lector en nada mínimamente cercano al discurso de Emma Goldman.

No pretendo sonar pretencioso, pero lo cierto es que oída una, oídas todas. ¿O no? Hay una que llama la atención por los dobles sentidos y ciertas connotaciones sexuales. Se titula Baseball Game of Love y fue creada por Arthur Lonbrake y Edith Barbier en 1909.

Reproduzco a continuación dos de los pasajes más “picantes”:

Parece que te gustan mis curvas (no sabemos si el lanzamiento u otro tipo de curvas)

y al final conseguiste lo que te merecías.

Sin duda te ganaste ese home run.

Y aún hay más: 

Yo estaba en primera,

Tú estabas en segunda,

Cupido esperaba en tercera.

(…)

Y cuando los dos llegamos juntos a la tercera 

Cupido nos empujó

Y juntos nos deslizamos hasta el home plate

en nuestro partido del amor.

Dicen que que por aquellos años el lenguaje del béisbol aún no era utilizado para describir lo lejos que había llegado uno en su vida sexual (primera base=beso, segunda base=mano bajo la camiseta, etc). Pues visto lo visto los historiadores deberían repasar las fuentes. Esta canción parece indicar que el béisbol y el picor llevan mucho tiempo relacionados.