¿Regresarán algún día los robos de base a las Grandes Ligas?

Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
¡Compártenos en RRSS!

El progreso siempre envuelve riesgos. No se puede robar la segunda base manteniendo un pie en la primera almohadilla.  Frederick B. Wilson

En la actualidad los equipos apuestan cada vez menos a esta estadística.

29-febrero-2020. Comparar a cualquier pelotero con Rickey Henderson en el rubro de bases robadas resulta muy injusto. Es el máximo líder en la historia con la impresionante cifra de 1406 hurtos de por vida. Apodado “El hombre de acero”, tuvo una trayectoria de 25 años que derivaron en 12 títulos de Bases Robadas jugando en la Liga Americana. De 1980 y hasta 1991, fue el máximo robador de esta liga en cada una de sus temporadas a excepción de la de 1987 en que no pudo ver acción el año completo debido a una lesión. A los 39 años de edad consiguió el último de esos trofeos. Lou Brock es el siguiente en la lista de todos los tiempos, cuantifica 468 estafas menos. Para colocar en perspectiva dicha diferencia, esa brecha representa 50% más del total de robos conseguidos por Brock en su carrera. Convirtió el robo de base en un arte.

A Rickey le tocó una época de bonanza, los equipos jugaban de una forma que ellos consideraban agresiva con el objetivo de conseguir más carreras. En 1987, un año que mencionaremos al azar solo para referirnos a esos tiempos y para compararlo con lo actual, los equipos de Grandes Ligas intentaban robarse la base el 12.8% de las ocasiones que un jugador suyo llegaba a la primera almohadilla. En la actualidad, si tomamos como punto de partida desde el 2015, esa tasa ha disminuido a menos del 8%. Vince Coleman de St. Louis Cardinals fue el líder de ese 1987 con 109 robos, otros ocho peloteros estafaron más de 50 bases. En 2019 el líder fue Mallex Smith de Seattle Mariners con 46. En 1987, entre todos los equipos intentaron robarse una almohadilla 5114 ocasiones y fueron exitosos 3585 veces. En 2019, los totales indican que consiguieron 2280 en 3112 oportunidades. Es notable el declive que se ha presentado desde entonces.

¿Qué es lo que sucede con los beisbolistas contemporáneos? En tiempos en los que el análisis estadístico parece regir las normas, los equipos valoran el riesgo versus el beneficio de intentar un robo de base, la balanza suele inclinarse hasta el momento a favor de actuar con cautela. Rajai Davis es el líder de los jugadores aún en activo con 415 almohadillas robadas durante su trayectoria de catorce años en Grandes Ligas. A ese ritmo, a Rajai le llevaría otras 33 temporadas más para empatar el récord de Rickey. Davis ya es un veterano de la Gran Carpa, por lo que resulta imposible.

En un juego en el cual los outs están limitados a tres por cada inning jugado, se le otorga un gran valor a no regalarlos fácilmente, aquí es donde entra ese cálculo del riesgo-beneficio. Se dice que si un equipo coloca a un jugador en la primera base sin outs tiene la posibilidad de anotar 0.8721 carreras/entrada, si ese corredor roba la segunda almohadilla ese rango aumenta a 1.081 carreras/inning; pero, si por lo contrario es capturado out, deja a su equipo con 1 out y sin corredores en base lo que corresponde a 0.2733 carreras/inning. Aquí se podría pensar que, jugar agresivo y robar la base aumenta las posibilidades de anotar una carrera y así es, pero el beneficio es un aumento del 0.2089 y el riesgo de ser echado fuera disminuye las probabilidades en un 0.5988. El análisis es que se puede perder casi tres veces más de lo que se puede ganar, así funcionan las matemáticas.

Por otra parte, la vergonzosa era de los esteroides dejó como enseñanza que bateadores de poder podían contribuir de una manera rápida a favor en el marcador y con menos riesgos. Entonces se empezó a poner en práctica una modificación por los bateadores de la actualidad, no me refiero al consumo de esteroides, sino a cambiar el ángulo de golpeo de la pelota, lo que se conoce como Launch Angle para intentar conseguir más vuelacercas. El Launch Angle sugiere lo siguiente, la pelota seguirá una trayectoria al alejarse del bat dependiendo el grado de angulación con el cual es impactada, por ejemplo:

0 – 10 grados Rodado
10 – 25 grados Línea
25- 50 grados Elevado al outfield
+50 grados Elevado al infield

Con ese conocimiento el bateador realiza ajustes necesarios en su swing, si consigue golpear la bola entre los 25 – 30 grados a una fuerza de 95 millas por hora se dice que tiene una posibilidad muy alta de conseguir un cuadrangular. Por lo cual, los equipos están apostando en la actualidad a este recurso para hacerse presentes en el score.

Entonces, ¿todo está perdido y seguirá la tendencia a desaparecer de los robos de base? Afortunadamente existe una esperanza para los que les agrada esta espectacular jugada que suele generar grandes emociones. El porcentaje de éxito para robar una base va cada vez más en aumento. De forma gradual y lenta si se quiere ver así, pero in crescendo. Traigamos de nuevo al año de 1987, la tasa de éxito para conseguir un robo de base fue del 70%, al realizar la comparación con el 2019 esa tasa subió al 73%. Parece insignificante, pero ese 3% hubiera representado 165 estafas más en la temporada de 1987 en total para todos los equipos.

El incremento se debe al conocimiento de los rivales, considerando a los lanzadores y a los catchers contrarios y su capacidad para deshacerse de la pelota y hacerla llegar a su objetivo, en el caso del pitcher al home y hablando del receptor a las almohadillas. Entendamos mejor con un ejemplo, a Trea Turner, velocista de los Washington Nationals le lleva 3.0 segundos llegar a una base. El promedio de un catcher para lanzar a segunda base es de 2.0 segundos, Austin Hedges ha registrado 1.86 segundos. Un pitcher hace llegar la pelota en 1.3 segundos. Los mejores promedian de 1.0-1.1 segundos. Turner es capaz de robar bases a la mayoría de los equipos. Pero correr con un pitcher que te da 1.0 segundo de oportunidad para conseguir una almohadilla extra y con Austin Hedges detrás del home, esto se vuelve complicado, pero si te da 1-3-1.5 segundos como por ejemplo Noah Syndergaard tu rédito como corredor se multiplica. Las décimas sin duda influyen mucho y ahí es donde se visualiza un horizonte para promover más intentos de aventurarse por una colchoneta.

Si vemos con qué estilo de juego se anotan más carreras, que a final de cuentas es como se consiguen las victorias en este deporte. Comparemos la era de los Robos de Base versus la era del Launch Angle, representadas por la década de los 80s versus la década actual y tomando como ejemplo nuevamente a 1987 donde se anotaron 4.72 carreras/juego y al 2019 donde se consiguieron 4.83 carreras/juego. Aunado a que hace 33 años se bateó para un AVG entre todos los equipos de .263 y en 2019 fue de .252 en promedio. No se aprecia un dominio contundente del bateo de poder sobre el juego “arriesgado” de los robos de base.

El deporte se ha desarrollado en gran medida en los últimos 40 años debido al análisis estadístico, ya se hemos visto dos épocas diferentes donde los equipos han puesto más en auge el robo de bases o por el contrario el bateo de largometraje para lograr carreras a su favor. Considero que debe haber un balance en ambos rubros y los equipos deben adaptarse a las cualidades de sus propios jugadores. Existen pocos súper dotados como los denominados five-tool players o jugadores de cinco herramientas con gran influencia en el juego por su poder con el bat, buen contacto y velocidad en los senderos, pero es imposible que todos los jugadores acumulen estos talentos en uno solo. Por lo tanto, cabe la posibilidad al observar con detenimiento las cifras aquí mencionadas, que, si se encuentra un balance entre de bateo con poder, robos de base y además bateadores de buen contacto se logre aumentar también las carreras que vemos cada día en el juego. Quizás la misma evolución del juego nos lleve a eso. Los robadores de base no están en vías de extinción.