Un recuerdo para Lefty O’Doul

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En 1923 Lefty O’Doul se desempeñaba como lanzador en los Boston Red Sox. El 7 de julio firmó la que podría ser considerada la peor actuación en la historia de la lomita: encajó 14 carreras en una sola entrada. Sus andanzas como pitcher terminaron aquel año pero fue capaz de reinventarse como jardinero. Como bateador acumuló una línea de bateo de .349/.413/.532. Solo hay tres tipos con un mejor promedio que él en la historia: Ty Cobb, Roger Hornsby y Joe Jackson.

Los datos anteriores bastarían para convertir a O’Doul en una pregunta de trivial, pero es mucho más que eso. Su trayectoria como manager y “embajador” del béisbol trasciende en la historia. Una vez retirado volvió a California y allí se convirtió en entrenador de los San Francisco Seals, conjunto en el que había empezado su carrera como jugador. Su mayor logro allí fue convertir a un chico de 18 años en una de las mayores estrellas de la historia del deporte. O’Doul fue uno de los mentores del joven Joe DiMaggio. “Simplemente”, diría O’Doul años después “fui lo suficientemente inteligente como para dejarle hacer lo que quería”.

Lefty O’Doul fue vital para lo popularización del béisbol en Japón. Visitó las islas en varias ocasiones tanto antes como después de la guerra. En 1932 pasó varios meses allí entrenando a jóvenes universitarios en los principios básicos del juego, y un año más tarde fue uno de los encargados de organizar la gira que llevó a estrellas de la talla de Jimmie Foxx, Lou Gehrig, Charlie Gehringer, Lefty Gomez, Connie Mack o Babe Ruth a Japón.

Su papel fue fundamental en la fundación de los Tokyo Giants (hoy Yomiuri Giants). Su pasado como jugador en los New York Giants es lo que motivó la elección de ese nombre. Después de la guerra abogó por el béisbol como instrumento de reconciliación. Durante 1952 acompañó a los New York Giants en una gira por Japón y las Filipinas en la que también estuvieron Marilyn Monroe y su esposo, Joe DiMaggio. Ya en los sesenta luchó sin éxito por la creación de unas Series Mundiales que midieran al campeón de la MLB y de la Liga Japonesa.

Más allá de los actos, donde mejor queda plasmada la pasión de Lefty O’Doul por el béisbol es en el capítulo que él mismo escribe The Glory of Their Times. Nos despedimos con un fragmento del mismo:

“Firmé mi primer contrato profesional con San Francisco (Seals) en 1917 y me mandaron a su equipo afiliado de la Western League en Des Moines. Des Moines y la Western League en 1917. ¡Qué vida! Un tren de carbón con asientos de mimbre en el que viajabas con tu uniforme, tus bates, tus guantes y todo lo demás. De Des Moines, Iowa, a Wichita, Kansas. El viaje duraba toda la noche y parte de la mañana siguiente. Si abrías las ventanillas te pasabas todo el trayecto tragando hollín y ceniza. Si las cerrabas te asabas como un pollo. Te bajabas del tren lleno de mierda y sin haber pegado ojo.

Más adelante, cuando ya estaba en la Pacific Coast League, solía jugar los domingos en Stockton. Terminaba, me tomaba un sándwich de huevo, me montaba en un bus que recorría las 60 o 70 millas hasta Sacramento y me ponía el mismo uniforme empapado en sudor para jugar el partido de la tarde. Otras veces te tocaba jugar la mañana del domingo en Oakland, devorabas unas tostadas con alubias y arrastrando todo tu equipo te montabas en el ferry que te llevaba hasta San Francisco para el siguiente juego. El mismo uniforme apestoso de nuevo. Esto no era béisbol amateur. Era pelota profesional con los San Francisco Seals de la Pacific Coast League. ¿Y sabéis qué? Disfruté cada minuto. Amaba aquello”.