Homer Bailey: ¿una perita en dulce?

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Probablemente Homer Bailey pase a la historia del béisbol de la mano de Mike Fiers. Dos lanzadores con carreras discretas que tuvieron la suerte de poner a los dioses del béisbol de su parte. ¡Y no una vez, si no dos! Entre Bailey y Fiers acumulan cuatro no hitters. Pedro Martinez, Curt Schilling, John Smoltz, Mike Mussina, Tom Glavine y Greg Maddux no suman uno. Caprice des deux.

En enero de 2019 la muy irregular carrera de Bailey estaba en el filo de la navaja. Después de un 2012 y un 2013 muy ilusionantes las lesiones se cebaron con él. Las cosas se empezaron a torcer en 2014. Su brazo no era el mismo. En abril de 2015, después de dos aperturas, se confirmó lo peor: cirugía Tommy John.13

Volvió a finales del 2016 pero ya no era el mismo. En 2017 pudimos ver como sus lanzamientos más utilizados (recta, sinker y en menor medida la slider) habían experimentado una bajada de una o dos millas . Además había perdido muchísimo control. Durante el 2012 y el 2013 Bailey se caracterizó por ser un abridor que cedía pocas bases por bolas. Ambas temporadas estuvo en el Top 30 de la liga en BB/9. Esto era fundamental para él puesto que los ponches no eran su fuerte.

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En el 2017 su BB/9 se fue hasta el 4.15 y su ERA fue de 6.43. El 2018 no fue muy distinto. Homer Bailey consiguió mejorar algo su control, pero se encontró cara a cara con la fly ball revolution. Su arsenal se caracterizó por una velocidad promedio y poco spin rate. A pesar de que buscó localizar sus lanzamientos en la parte baja de la zona de strike sus aperturas se convirtieron en prácticas de bateo. Permitió casi dos home runs cada nueve entradas. Entre los abridores con 100 o más innings lanzados solo hubo dos con un ratio peor: Bartolo Colon y Dylan Bundy.

La sinker de HomerBailey, a la que recurrió en casi un 12% de las ocasiones, fue uno de los peores lanzamientos que pudimos ver en todo el 2018. Acumuló un SLG en contra de .633. Ese mismo año J.D. Martinez tuvo un SLG de .628. Podríamos decir que cada vez que Bailey lanzaba su sinker el bateador al que se enfrentaba se convertía automáticamente en el DH de los Red Sox. Su recta no fue mucho mejor. La lanzó en un 44% de las ocasiones y promedió un SLG de .566. El SLG de Trevor Story fue de .567.

Es decir, en 2018, en un 66% de las ocasiones cualquier bateador al que se enfrentara Homer Bailey se convertía en un slugger de primer nivel. Solo así se entiende su efectividad de 6.09, su traspaso a Los Dodgers en una operación de eso que llaman ingeniería financiera y la posterior rescinsión de contrato por parte de la franquicia californiana.

Todo parecía perdido. Los días de Homer Bailey en el béisbol habían llegado a a su fin. Hasta que en febrero los Kansas City Royals le ofrecieron un contrato de Ligas Menores con invitación a los entrenamientos primaverales. Volvía a haber luz al final del túnel.

Homer Bailey se ganó un puesto en la rotación. No ilusionó demasiado a la afición, pero poco a poco se fue asentando. Su veteranía le valió para acumular entradas en un equipo en plena reconstrucción. Y por primera vez en un lustro dejó buenos momentos. La sinker, ese lanzamiento que había convertido a cualquier bateador en Babe Ruth, desapareció de su arsenal. En su lugar apareció la split-finger fastball, splitter para los amigos.

La splitter es un lanzamiento marginal en la presente MLB. Nunca ha sido muy popular, pero en los últimos años ha caído hasta mínimos casi históricos. De todos los lanzamientos que se hicieron en las Mayores el año pasado solo el 1.4% fueron splitters. Los pitchers japoneses son prácticamente los únicos que recurren a el con asiduidad. Ha sido el lanzamiento estrella de Masahiro Tanaka en sus años buenos, Shohei Ohtani lo utilizó en 2018, Yoshihisa Hirano lo usa en el 50% de las ocasiones y Yusei Kikuchi y Yu Darvish también lo tienen en su repertorio. Koji Uehara dominó con su splitter.

 

Es un lanzamiento sincero, como lo es la changeup. No tiene el poderío de la recta, ni el refinamiento de la curva ni la mala leche de la slider. Es una bola «rápida no muy rápida» que en el último momento «desaparece». Pues según Brooks Baseball Bailey ha pasado de utilizarlo en un 14% de la ocasiones en 2018 a un 25% en 2019. Y en eso se ha basado su vuelta a la liga.

Como hemos dicho Bailey empezó el año con los Royals. Realizó 18 aperturas y lanzó 90 entradas. Aunque su efectividad fue de 4.80 las sensaciones fueron buenas. Consiguió ser un lanzador promedio. Antes del cierre del mercado de fichajes unos Athletics que necesitaban ayuda urgente en la rotación se hicieron con sus servicios. Fue un acierto.

En apenas un año Bailey pasó de tener una sinker que se contaba entre los peores pitchs de las Mayores a dominar con una splitter que compitió con los mejores lanzamientos de la MLB. Tuvo un whiff del 38% y un promedio de bateo del .177 (según datos de Brooks Baseball).

Un paréntesis para poner en contexto esos números: la bola rápida de Justin Verlander tuvo en 2019 un whiff del 30% y un promedio de bate de .221 (así de brutal fue la splitter de Bailey). Además en las pocas ocasiones en que los bateadores consiguieron poner en juego la ya famosa splitter de Bailey vimos un porcentaje altísimo de ground balls (60% según Brooks Baseball).

La llegada a Oakland le dio alas. Se siguió moviendo en el rango de los 8K/BB pero consiguió reducir drásticamente el número de bases por bolas. Si en Kansas se habían visto ciertos avances en la Bahía vimos mejorías más que notables. En agosto y septiembre Bailey estuvo entre los 15 mejores abridores de las Mayores.

Durante esos dos meses Homer Bailey abusó de los bates rivales con su splitter. En septiembre, por ejemplo, su nuevo lanzamiento estrella consiguió un whiff del 43% y limitó a las ofensivas rivales a un .129 de promedio de bateo y un .226 de SLG. El control también fue clave. Como ya hemos dicho desde su llegada a Oakland Bailey corto drásticamente las bases por bolas concedidas. En los dos últimos meses de temporada regular su BB/9 fue de 1.7. Su WHIP se situó en un más que buen 1.06 y fue capaz de limitar los cuadrangulares (0.9 de HR/9).

 

 

La clave del éxito de Bailey ha estado en el tunnelig, esa habilidad de los pitchers para hacer que dos lanzamientos distintos parezcan completamente iguales. A lo largo de la temporada pasada fuimos viendo como el Horizontal Release de su bola rápida y su splitter iban acercándose hasta acabar siendo prácticamente idénticos en septiembre, el mes más dulce del lanzador diestro.

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Esto significa que cuando Bailey lanzaba una recta o un splitter la bola salía exactamente del mismo punto. Generalmente los pitchers no son capaces de tener esto totalmente perfeccionado y los bates tienen una primera pista sobre el lanzamiento que se les viene encima y pueden empezar a hacer la serie de ajustes necesarios para batear. Cuando un lanzador es capaz de refinar su mecánica de lanzamiento y hacer que todo su arsenal salga del mismo punto los problemas del jugador en el cajón se multiplican.

Gracias a la visualización de secuencias de pitcheo en 3D que ofrece Statcast podemos ver más en detalle como fue enfrentarse al combo fastball-splitter de Bailey el pasado septiembre.

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Vamos por partes. Si nos fijamos en la zona de strike vemos un punto rojo que señala el lugar donde acabó la recta y uno amarillo que hace lo propio para la slider. Es evidente que los dos lanzamientos acabaron a bastante distancia uno del otro. Además la velocidad de la recta fue de unas 93 millas y la de la splitter de unas 86. No solo acabaron en lugares distintos de la zona sino que una llegó antes que la otra. Es decir el swing del bateador para uno y otro lanzamiento es muy distinto.

Si retrocedemos en el recorrido de los lanzamientos nos encontramos con dos puntos rosas. Representan el momento en que el bateador debe decidir que hacer: ¿buscar una bola rápida? ¿una splitter? ¿no hacer swing? Podemos ver que en ese momento los dos pitchs son prácticamente idénticos. Hace falta ser un bateador superdotado para poder diferenciarlos.

Los puntos blancos que están todavía más alejados son el momento en que el bateador tiende a reconocer el lanzamiento. Las curvas, por ejemplo, suelen tener más altura que las rectas, mientras que las sinkers suelen ir más bajas. Como vemos los lanzamientos de Bailey son clavados. Es imposible saber cual es la recta y cual la splitter. El problema para el bateador es que mientras que la primera va a seguir una trayectoria «natural» la otra se va a «hundir» al llegar al plato.

Por último, muy a lo lejos, tenemos dos puntos verdes que son prácticamente imposibles de ver. De hecho no parecen dos puntos sino uno. Representan el lugar exacto en el que la pelota deja la mano de Bailey cuando este lanza su fastball y su splitter. Como ya hemos dicho anteriormente es capaz de lanzarlas desde el mismo lugar. Dicha habilidad es la que permite que el resto de la secuencia sea como hemos explicado.

No nos engañemos, Homer Bailey no va a ser el número dos de un equipo competitivo. Probablemente tampoco de uno no competitivo. Pero cualquier franquicia podría apostar por él para la parte baja de la rotación o relevos largos. Los Dodgers le van a dar 5 millones en 2020 haga lo que haga y juegue donde juegue, por lo que Bailey puede permitirse firmar por prácticamente nada. Una apuesta con muy poco riesgo que gracias a esa splitter puede dar algunas alegrías.