Los Rays no se rinden

Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
¡Compártenos en RRSS!

Los Rays no pueden batear como los Astros. Tampoco disponen del pitcheo de los Astros. Si intentan jugar a lo mismo que ellos lo normal es que pierdan. No más de cinco o seis jugadores de Tampa tendrían un hueco claro en el roster de Houston, pero estos de Tampa no se rinden.

En Moneyball Billy Beane decía algo así: «si seguimos pensado como los Yankees aquí perderemos con ellos en el campo». Eso mismo es lo que pensó Kevin Cash hace ya unos años. Si entrenaba una plantilla con un presupuesto limitado siguiendo la ortodoxia y los preceptos clásicos del béisbol no iba a llegar a ningún lado.

Ayer los Rays no podían atacar a los Astros frontalmente. No podían enfrentarse a Verlander como lo habían hecho en el primer partido de la serie. El diestro los destrozó en esa ocasión. Verlander llegaba al choque de ayer con solo tres días de descanso. La lógica decía que los Rays tenían que ser pacientes. Trabajar cada at bat y esperar que el ace acumulara muchos lanzamientos y saliera del juego cuanto antes. Pero si haces eso te expones a que el pitcher domine el conteo. Y no hay nada peor que enfrentarse a un lanzador de la talla de Verlander por detrás en la cuenta.

Lo que hizo Cash fue lo contrario. Les dijo a sus bates que fueran agresivos. Que aprovecharan los tres días de descanso de Verlander no solo para sacarle del partido cuanto antes, sino también para castigarle mientras estuviera en la lomita. Un pitcher con poco descanso pierde control, le cuesta establecer la zona de strike. Y eso es lo que sucedió. Verlander fue incapaz de localizar sus lanzamientos. No tenía command. Sus pitchs iban o fuera de la zona o al centro de la misma. Lo pagó con sendos home runs de Pham y Adames y un doble de Wendle que pusieron el 4-0 en el marcador.

La zona de strike es un espacio difícil de acotar en el que habitan tres subjetividades distintas: bateador, umpire y lanzador/catcher. El umpire es quien establece las fronteras, aunque a menudo lanzador/catcher son capaces de alterar esas dimensiones y beneficiarse de ello. Ayer sucedió algo muy raro. Cash, que casualmente fue receptor antes que manager, consiguió que fueran sus bateadores quienes establecieran esos límites invisibles. Los bates de los Rays lograron que prácticamente todo lo que no abanicaban fuera considerado bola. Desquiciaron a Verlander, le hicieron discutir con su catcher y pareció que las cuatro carreras concedidas por el ace fueron muchas más.

El ataque de los Astros quedó noqueado tras el maltrato sufrido por Verlander en la primera entrada. La trampa de Kevin Cash tampoco les facilitó las cosas. Abrió con Castillo, un diestro. Le sustituyó Yarbrough, un zurdo. Luego Anderson, otro diestro. Después Poche, un zurdo. Pagan, un diestro. Y para cerrar Snell, ¿adivinan? Si, un zurdo. Ningún bate de los Astros se enfrentó al mismo pitcher en más de una ocasión. Además Cash organizó los relevos de tal manera que los bateadores de Houston rara vez tuvieron a dos lanzadores diestros o zurdos en at bats consecutivos. Imposible ajustar. Un laberinto para el lineup.

 

  • Castillo (RHP): Springer, Brantley, Altuve, Bregman, Alvarez, Gurriel, Correa.
  • Youbrought (lHP): Reddick, Chirinos, Springer, Brantley, Altuve, Bregman, Alvarez.
  • Anderson (RHP): Gurriel, Correa, Reddick, Chirinos, Springer, Brantley, Altuve.
  • Poche (LHP): Bregman, Alvarez, Gurriel, Correa, Diaz (PH por Reddick), Chirinos.
  • Pagán (RHP): Springer, Brantley, Altuve, Bregman.
  • Snell (LHP); Alvarez, Gurriel.

 

Antes de empezar el tercer partido parecía que los Astros lo tenían hecho. Que está primera serie iba a ser un simple trámite. Ahora A.J. Hinch y los suyos están atrapados en un mal sueño del que no sabemos si van a poder despertar. En Nueva York están encantados.