Los Red Sox salvan la primera etapa de montaña

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Primera semana del Tour de Francia. El máximo favorito, el maillot amarillo, el tío que ganó la edición anterior no parece en forma. Ha perdido tiempo en el prólogo, le han pillado los abanicos y además se ha visto envuelto en una caída. Llega la primera etapa de montaña, que ni siquiera es en el los Alpes o los Pirineos, y hay muchísimas dudas. Son solo unos repechos en el macizo Central, pero vistas sus prestaciones hasta la fecha no despierta ninguna seguridad.

Así llegaban los Red Sox a su primera semana verdaderamente exigente del 2019. Sumergidos en un mar de dudas. Con un récord de 6-11 y dos series duras por delante: una en el Bronx, la otra en Tampa. Con todo de cara para hundirse un poco más en el pozo de excusas que ha sido la temporada hasta ahora.

Una de las soluciones de Cora y la gerencia fue rescatar a Sandy Leon del exilio forzoso en Pawtucket. Esto deja de manifiesto que aunque un inició lento era asumible las cosas están marchando peor de lo esperado. El pitcheo necesita ayuda urgente y Leon es un especialista. Tanto Rick Porcello como Chris Sale han hablado abiertamente de lo a gusto que se sienten con Leon en la receptoria. De esta manera la franquicia renuncia definitivamente al catcher Blake Swihart, una de las apuestas personales de Dombrowski de cara al 2019 y que ya ha sido traspasado a los Diamondbacks.

La llegada de Leon ayudo a Sale en las primeros momentos del partido en Nueva York. El Yankee Stadium vio como la bola rápida del zurdo tocaba por primera vez en varios meses las 97 millas y como su slider volvía a dejar en evidencia a los bateadores. Pero en las primeras rampas todo se vino abajo. El repertorio de Sale está de vuelta, pero aún le toca trabajar mucho en el command. Los Bombarderos aprovecharon esa circunstancia y se llevaron el choque con facilidad.

El segundo y último partido ante los Yankees dejaba a los Red Sox hundidos. Otra derrota. Esta vez de las que escuecen mucho. Después de lograr una ventaja de tres carreras y contar con una buena apertura de Nathan Eovaldi el bullpen concedió un gran slam a Brett Gardner.

A pesar de ser los grandes responsables de esta derrota conviene recordar que los relevistas de Boston están rindiendo mejor de lo esperado. No es una unidad super dominante pero es profunda y está aguantando sobre sus hombros el despropósito que ha sido la rotación durante las primeras semanas. El bullpen de los Red Sox, contra todo pronóstico, ha convertido la curva en su lanzamiento estrella. Recurren a ella en el 25% de la ocasiones, siendo por mucho margen el cuerpo de relevistas de todas las Mayores que más la utiliza. Esto contrasta con la rotación, es la que menos curvas utiliza en toda la MLB.

No hace falta decir que esto no es casualidad. El equipo técnico busca con esta estrategia dificultar los ajustes que los bateadores rivales tengan que hacer en el cajón. Después de seis o siete entradas sin ver una sola curva es muy difícil cambiar el chip y estar listo para enfrentarse a ellas constantemente.

Sale trasmitió mejoras. Lo mismo se puede decir de Eovaldi (que ahora mismo está lesionado y quizás le toque pasar por el quirófano) y Eduardo Rodriguez. Cuando el venezolano coge confianza y recuerda que sabe lanzar algo más que rectas se convierte en un pitcher muy interesante. Sus últimas dos aperturas han sido correctas y buena parte del éxito se ha basado en que ha lanzado su bola rápida por debajo del 50% mientras que ha recurrido más a sus pitchs secundarios.

El que sigue preocupando, y mucho, es Rick Porcello. Nunca ha sido ni será un power pitcher. Es un tío que necesita sus lanzamientos secundarios para ser efectivo y estos no están funcionando. No consigue lanzar strikes con su slider ni con su changeup. Solo tiene control sobre su recta. Los bateadores lo han notado y le están destrozando. Porcello acumula durante su carrera un ratio de BB/9 de 2.36. Durante la temporada que ganó el Cy Young lo limitó a un espectacular 1.29. En 2019 acumula un insostenible 6.88. De esa cifra derivan todos sus problemas.

Los Red Sox llegaron a Tampa con todo en contra. A 8.5 partidos de distancia de su rival y con la sospecha de que la temporada se podía complicar mucho si no se ganaba la serie. En frente los Rays. Uno de los equipos más en forma de la competición y la auténtica sorpresa de lo que llevamos de año. Un conjunto cimentado sobre un pitcheo brutal que parecía destinado a secar (todavía más) a la ofensiva bostoniana.

Y es que el pitcheo abridor de los Red Sox no está funcionado, pero la ofensiva no ha sido mucho mejor. Betts está especialmente contemplativo. Es un jugador que necesita hacer swings. La agresividad a la hora de batear fue una de las cosas que lo convirtió en MVP. Andrew Benintendi está pecando de lo contrario. Ha sido un bateador paciente que este año se está comportando de una manera más agresiva sin conseguir resultados. Su OBP nunca había sido tan bajo. Jackie Bradley Jr. está tan perdido como siempre, sino más. Solo diez jugadores cometen mas swing&miss que él. Lo que pasa es que esos diez «mastuerzos» al menos tienen un slugging superior al 0.500 y no el ridículo 0.172 que ostenta Jackie.

Y entonces la sorpresa se hizo realidad. Los Red Sox, que no habían ganado una serie en toda la temporada, barrieron a los Rays, que aún no habían perdido una serie. Si volvemos al símil ciclista que hemos utilizado al principio podríamos decir que todo el mundo atacó al favorito con la esperanza de descolgarlo. El favorito hizo la goma y por momentos pareció que iba a perder mucho una minutada, pero finalmente salvo el día.

Ahora jornada de descanso, o lo que es lo mismo diez partido en Fenway para recuperar sensaciones y ver si puede optar de nuevo al amarillo. Aún queda mucho para salir campeones, pero lo positivo es que se siguen teniendo opciones.