Omaha no es una playa ni un grito NEFLITA

Ameritrade Park.  El mayor templo del béisbol universitario

Que no os engañen, y si hace falta lanzaré sobre las calles un autobús de color naranja para que os quede claro, Omaha no es una playa, Omaha no tiene playa, Nebraska está justo en el centro de USA (¿Por qué todos los acomplejados con estudios están obsesionados con la SGM?); ni mucho menos un grito de guerra NFLita.

Omaha, además de ser la ciudad que vio nacer a Malcom X y Melissa Harrington, se convierte cada mes de junio en la capital del béisbol universitario, hospitalaria anfitriona de las finales de la Primera División de la NCAA, las College World Series, que disputan los ocho equipos que tras una fase regular y eliminatorias Regionales y Super Regionales, alcanzan la tierra prometida, quedando distribuidos en dos grupos de cuatro, enfrentados a doble eliminación pura, esto es, con repesca en la final del Bracket, y una final al mejor de tres partidos.

Este año no arribó a Omaha ningún Coastal Carolina, el tan sorprendente campeón de las Series del 2016. Con independencia de su mayor o menor nivel y palmarés, y de los tres cabezas de serie que quedaron en el camino, ningún invitado inesperado nos encontramos en esta temporada, de hecho no hemos presenciado sorpresa alguna, más allá del papelón de todos los Aces de los conjuntos participantes, que se estamparon en la primera jornada, con excepción de Alex Faedo, siempre Faedo; y de la eliminación Oregon St., si bien dado el contexto, que trataremos con posterioridad, no podemos hablar de sorpresa.

De hecho, los primeros en abandonar las Series Mundiales Colegiales fueron los esperados, la Mecánica y Agrícola de Texas, de la que solo se destacaba ante del inicio de las Series la maquinita de hacer burbujas con la que sus aficionados celebran sus buenos momentos, sí mi gente, Texas puede llegar a ser tan casposa como España; y Fullerton, la cual llegó con su Ace, Colton Eastman, aún no recuperado de sus dolencias, y que no encontró un solo brazo que les permitiese estar cómodos desde el montículo.

Una de las grandes incógnitas en la inauguración de las CWS era cómo reaccionaría Oregon St., que llegaba con una racha de 21 victorias consecutivas, sin conocer la derrota desde el 29 de abril, ante el escándalo derivado de que se conociese, poco antes de las Super Regionales, la agresión sexual a la que había sido condenado su Ace, Luke Heimlich, cuando tenía 15 años, una noticia que no solo le apartó de su equipo sino que además le llevó a no ser drafteado en la convocatoria de este año de la MLB. Un durísimo golpe para los Beavers, más aún si tenemos en cuenta el principio calvinista de responsabilidad del individuo ante el grupo y del grupo frente a la comunidad, que impregna la sociedad americana. Resultaba necesario que tanto el resto de abridores como la ofensiva compensaran la ausencia de su pitcher estrella, y lo cierto es que los Castores no lograron superar el golpe, más allá de su 13 a 1 frente a LSU en la primera eliminatoria de vencedores, fruto de un inexplicable colapso del pitcheo de Lousiana. Unos Tigers que reaccionaron en la final del Bracket y en su repesca, maniatando a Oregon St., permitiéndoles solo una carrera por partido. Ninguna duda quedó del poder de los pitchers LSU, tanto su lanzador estrella, Alex Lange, como Jared Poche, el cual generaba muchas dudas a su llegada a Nebraska que supo disipar, y todo ello coronado por un infalible closer como Zack Hess.

En cuanto al cuarto pasajero del Bracket, Florida State, tuvo la desgracia de enfrentarse por dos veces al finalista LSU, perdiendo los dos enfrentamientos, pero llegando con posibilidades a la última entrada.

En el Bracket de abajo, lo más destacado fue el dominio del montículo y la defensa de Florida, con los ya incalificables Brady Singer y Alex Faedo, de los que su entrenador Kevin O’ Sullivan no se cansó de repetir que estamos ante dos jugadores que serán decisivos en las grandes ligas; a ello debemos unir un closer de la talla de Michael Byrne. Así, contando con las Super Regionales, los Gators, con sus dos pitchers estrella en el montículo, hasta las finales habían permitido dos carreras en cinco partidos, y sin ellos diecisiete en dos.

Respecto a los otros dos equipos del Bracket inferior, TCU y Lousville, ganaron todos los partidos que podían ganar y perdieron los que no podían ganar, esto es, aquellos en que se encontraron con Singer o Faedo. En el único enfrentamiento entre ambos conjuntos, vivimos un encuentro muy igualado que se llevó TCU. Una Cristiana de Texas que lleva cuatro victorias en tres años frente a sus paisanos de la Agrícola y Mecánica. Para Louisville, el polivalente Brendan MacKey, lanzó el único partido que ganó su equipo ubicándose el resto en primera base. Partido aquel en que además de pitcher actuó como bateador designado.

Así pues ninguna duda queda de que ha sido un torneo en que todo el protagonismo ha quedado en los lanzadores, como cualquier competición de nuestro deporte hoy en día, sin excepción.

Y llegaron las finales, todo parecía indicar que iríamos a tres partidos y que aquellos en que no lanzasen, Alex Faedo o Brady Singer traerían consigo una derrota para los Gators. Todo lo contrario, y ello en perjuicio de que nos quedamos sin un más que posible, -pese a las tan debatidas dudas en relación si llegarían en condiciones de lanzar- duelo Alex Lange vs. Alex Faedo, que se pronosticaba épico, en un tercer partido que no llegó a acontecer.

Sí que se cumplió el guion en el primer partido con la victoria de Brady Singer, aunque con más problemas de los habituales necesitando la ayuda Michael Byrne, el closer que lanzó dos entradas en las que solo permitió un hit.

Y en el último partido Tyler Dyson rompió todo guion, con Jared Poche en el montículo de LSU, apoyado por el hasta entonces intratable brazo del cerrador Zack Hess, nadie daba un céntimo por los Gators.

Pero la confianza con la que Kevin O’Sullivan, el manager de los Gators, trató la designación del de Bradenton para el segundo partido de las finales solo podía ser signo de buenos presagios, Dyson, hasta las Super Regionales, no había lanzado más de dos entradas, siendo su papel siempre de relevo, fue en el partido decisivo de dicha eliminatoria frente a Wake Forest cuando lanzó por primera vez más de dos entradas, llevándose la victoria.

Tyler Dyson devolvió la confianza que O’ Sullivan puso en él

En el último partido de las Series Mundiales Colegiales Dyson salió por primera vez de titular con vocación de llegar más allá su eterno tope de dos entradas, ahí es nada. Y cumplió a la perfección, permitiendo solo una carrera en seis entradas. Aunque la cosa hubiera podido ser diferente si no fuese por la interferencia que se le marcó a Jake Slaughter y que bajó la carrera del empate a 2 del marcador en la séptima en perjuicio de LSU. Tras ello, el hasta entonces infalible closer Zack Hess permitió cuatro carreras en la octava renunciando a cualquier posibilidad de reacción, cerrando el partido para Florida Michael Byrne y Jackson Kowar con tres entradas sin carreras.

Por fin el béisbol le dio a los Gators el título más deseado

Unos Gators que ganan su primer título y que son la única universidad en 50 años que reúne en su palmarés los títulos de baloncesto, football y baseball.

 

En cuanto los premios individuales, algo que nos gusta tanto pese a que no exista otro deporte tan de equipo como este, el MVP fue para Alex Faedo, como no podía ser de otro modo, compartiendo su designación como pitcher en el equipo ideal con su compañero Brady Singer, tampoco podía ser de otro modo. La dependencia del conjunto de Florida de sus pitchers resulta evidente si tenemos en cuenta que mientras colocó dos lanzadores en el once ideal del campeonato, solo ubicó un jugador de posición Austin Langworthy o que el promedio de bateo de los Gators fue el más bajo para un campeón en 45 años, pero cuando la defensa no comete ningún error en las últimas 50 entradas y las anotaciones finales de los contrarios parecen escritas en código binario, con poco que haga la ofensiva el triunfo no puede escaparse.

El two-way más famoso en años, Brendan Mackey también entró en el equipo ideal como mejor Bateador Designado.

 

Ha sido un torneo de récords: en el montículo, los 266 SO ha sido la mayor cifra desde 1958, y al bate, los 23 HR también suponen un tope para el Ameritrade Park, el cual en sus cuatro primeras CWS, 2011 a 2014, vio un total de 25.

Pero, por encima de todo, el mayor éxito del torneo y su récord más relevante ha sido el de asistencia, buena muestra de que el béisbol universitario está dejando de ser un fenómeno exclusivamente regional alcanzado una vocación nacional.

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