Piratas Valencia: El Último Símbolo del Romanticismo

 

Plantilla Fundacional de Piratas Valencia
De pie y de Izquierda a derecha: Luis Galicia (Manager), Toni
García (OF), Juan Manuel Font (OF), Julio Bellera (SS), Leo Olmos (OF), José.
M. Gurrea (IF),  Sergio Pescador (1B),
Andy González (P), Edgard Alves (IF), Fernando Macías (C)
  Jaime Suárez (Coach). Agachados y de izquierda
a derecha: Manuel Hernández (IF/P), Pablo Llanos (OF) Vincent Hemonnent (IF),
Esleiter Peña (IF), Carlos León (OF) Lluís Catalá (OF) Javier Juan (OF).
 
Muchos caribeños y latinos en general han ido llegando a la ciudad de Valencia en los últimos 15 años, han traído con ellos el béisbol, no podría ser de otro modo, lo llevan en la sangre, lo han vivido desde pequeños, un ambiente de guantes bates y pelotas….
Otros tantos de ellos han formado sus equipos: La Isla, Atléticos Dominicanos,……., algunos se han incorporado a los equipos existentes, como Astros o Antorcha y cada fin de semana los podemos ver jugando a pelota en el Campo del Río Túria, jugadores de nivel y competitivos, con sus costumbres, con su música, y en muchas ocasiones con sus excesos verbales, lógicos y normales, a los que por estos lares no estamos tan acostumbrados.
Pero junto a ellos también podemos ver en el mismo río, con mayor discreción, si bien siempre entrenando con rigor, con sus gorras y camisetas distintivas a una serie de tipos que no llevan el béisbol en la sangre porque no nacieron en un contexto de bates y bolas, que lo llevan en el corazón, pues aprendieron a amar el béisbol sin que entorno alguno que los incitara. Mientras preparaba este artículo me encontré con dos de estos tipos, dos grandes tipos:
José Manuel Gurrea “Gurre”, (@Entredirectos), no había visto un partido de béisbol en su vida, pero un buen día de finales de los 80, su tío que viajaba regularmente a los Estados Unidos volvió con un par de guantes en la maleta, aún está convencido de que fue el regalo más maravilloso que jamás ha recibido y que jamás recibirá, aún se emociona al recordarlo. Cogió los guantes, llamó a su amigo Pablo, y ambos de dirigieron al río a lanzarse la bola junto al campo de béisbol, poco a poco el grupo creció con los amigos del barrio, hasta que un día desde el otro lado de la valla les dijeron: “¿queréis jugar a béisbol en serio?”, a partir de ahí nació una relación aún viva.
Fernando Macías (Fer), un cátcher clásico, de aquellos tan peculiares como prácticos. También a finales de los 80, llegó junto a un amigo al campo de béisbol en la reanudación de la temporada, ilusionados con el juego y con empezar a entrenar de inmediato, se encontró con que antes de un bate le pusieron en la mano una azada, pues justo el primer día de vuelta era siempre dedicado a retirar las hierbas y matojos que crecían en el diamante durante los meses sin béisbol; era un tiempo en que lo que había era un campo de tierra, llena de hoyos, surcos, y gravilla; casi sin vallas….
Era la Valencia de finales de los 80 y principios de los 90, la ciudad vivía su época dorada del béisbol de verdad, del béisbol de todos, donde quien así lo deseaba podía jugar en cualquier equipo con solo pedirlo, sin importar su nivel o el resultado; donde solo había acceso a los partidos de las grandes ligas a través de cintas de video que aquellos con contactos en USA recibían por correo y se pasaban unos a otros hasta acabar con ellas, partidos que aprendían de memoria y debatían durante horas y horas, durante días y días.
Gurre en el viejo campo del Río Túria a principios de los 90

 

Pero aquella Valencia tenía otra cara, era una ciudad devastada por la droga; centenares de enganchados a la heroína, para evitar a la policía, se escondían en el viejo cauce del río Túria y rompían las farolas buscando el anonimato, oscuridad que les llevaba a pincharse aprovechando las luces del campo de béisbol, pegados a las vallas, llegando a entrar al campo cuando se encontraba cerrado y solitario. Gurre aún recuerda como cada mañana de días de partido o entrenamiento debía proceder a retirar las jeringuillas abandonadas en el diamante la noche anterior, antes de que llegaran los niños con sus padres, los cuales hubieran huido despavoridos de ver tales restos en el terreno de juego.
Poco a poco el béisbol dejó de ser un deporte de amigos, con el fin de siglo llegó la búsqueda de resultados los que traerían consigo las subvenciones, y aquellos que habían venido bateando por amor al juego quedaron abandonados en su casa, en el banquillo o en proyectos puramente amateurs, que no encontraban acomodo. La gran mayoría de los que habían llegado al juego hacía 15 años lo fueron
abandonando poco a poco, tomando el río equipos obsesionados en el resultado y en contar con jugadores de calidad llegaran desde donde llegaran.
Dos de ellos fueron los propios Gurre y Fer, quienes colgaron los guantes, parecía que el béisbol se había olvidado de aquellos que lo cuidaron cuando el resultado era lo de menos, y lo importante era el grupo, el jugar con amigos, el disfrutar del juego aunque hubiera que gastarse hasta la última peseta del bolsillo para poder jugar.

Años después, Gurre se trasladó a trabajar a Austria, y un buen día, mientras paseaba por los alrededores de la capital, se encontró a unos tipos entrenando, era un equipo como los de aquella Valencia de los 80 y los 90, en la que todos tenían cabida con independencia de su calidad, del resultado, de las subvenciones, del éxito personal………El béisbol volvía a cambiar su vida, y a la vuelta a España y tras muchos debates internos, e ir dando tumbos de unos equipos a otros, de unos banquillos a otros, decidió consagrarse a un proyecto que recuperara aquel espíritu de hacía 25 años, llamó a todos aquellos que conoció a lo largo de tantas décadas, y habían quedado apartados de la reconstrucción desconstructora del béisbol valenciano de los 90.

 

Incorporó a los Fer, Sergio Pescador, Pablo Llano……etc , y creó el proyecto Pirata (@Piratasvalencia), un proyecto en el que lo de menos era el resultado, sino el grupo, que aunaba a clásicos del béisbol valenciano y novatos que se acercaban al béisbol por primera vez, unidos en el esfuerzo en el entrenamiento y el compromiso, estamos hablando de 2013, y aquello que empezó como una reunión de cuatro amigos es actualmente un proyecto con 56 personas: 18 jugadores en el primer equipo, 18 en un grupo de adultos que aprende a jugar, un equipo de sófbol con 8 chicas que buscan compañeras, 6 niños cuya ilusión es ser Piratas, 2 entrenadores del primer equipo y 4 monitores encargados del resto de secciones. Un proyecto del que un buen día de hace 3 años se enamoró Javier Juan, el actual presidente, bench coach y right fielder, quien con 45 años, casado, padre de tres hijos y un muy buen puesto de trabajo, bajó un buen día al río a ver como su hija jugaba al sófbol y quedó encandilado con ese proyecto en que todos contaban.
Hoy en día Piratas Valencia es un proyecto abierto a todos los que crean de verdad en el mismo, vengan de donde vengan, de Valencia, Cuba, Venezuela o cualquier rincón del mundo. Son el equipo valenciano que menos subvenciones recibe, nunca ha sido un equipo cercano a las jerarquías y eso en este país se paga, además carece del acceso a colegios e institutos de la ciudad de Valencia, del que dispone el resto de
conjuntos, que tantos años llevan trabajando en la capital del Túria, algo que los Sergio, Gurre, Fer, o Javier tratan de conseguir en las ciudades del
cinturón industrial de la capital, encontrando chicos a los que contagian su pasión, pero sin administración local alguna que habilite algún lugar para poder enseñar béisbol. En un parque de béisbol, caben campos de fútbol, canchas multiusos (voleibol, balonmano, baloncesto, hockey patines, fútbol sala…..), pistas de tenis y hasta piscinas, y eso son votos, muchos votos.

Ellos serán siempre así, románticos en un mundo de realismo, jugadores en un mundo de resultadistas, pagando para jugar en un mundo de subvencionados…..Sin duda, la piratería siempre fue el mayor símbolo del romanticismo. Solo me queda desearles la mayor de las suertes.

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