Año I después de Andrés Pajares y Slobodan Praljak

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El béisbol como la ciencia, dos disciplinas con enormes similitudes, avanza a saltos, no de forma continua y ordenada.

Y acabamos de vivir el mayor ejemplo, en dos meses hemos presenciado importantes cambios de filosofía que marcaran el futuro, y que ya han hecho temblar la próxima postemporada.

Y eso que la temporada muerta ha sido la más muerta que se recuerda, solo animada por la irrupción del bosnio-croata Slobodan Praljak a las pocas semanas de finalizar las Series Mundiales, y fue también para morirse.

Ya no se codicia al entrenador experto, al tipo pasado de los 60 y con gran conocimiento del juego, ya no, ese tipo al que te imaginabas en su mecedora en el porche de su casa en un poblucho de Alabama, diciéndose a si mismo: “qué cojones hace aquí ese n……….”. El objeto de deseo es el tipo menor de 50, inexperto pero gran conocedor de la analítica que busca ser amigo de sus jugadores, hispanoparlante o, al menos, conocedor, de la idiosincrasia latina, simpático, dominador de las redes sociales y abierto a la prensa.

Ha desparecido también la era de los grandes representantes, los propietarios se han plantado ante Scott Boras, un tipo que tendrá que reinventarse para no perder su negocio.

Los generosos y largos contratos son cosa del pasado, y sí, este no era el año de los agentes libres eso es el próximo, pero esa superación de los contratos largos es algo que veremos constatado en esa agencia libre que se antoja histórica, y el cambio llegará a niveles que nos sorprenderán. Y es que, en estos tiempos ya no se anhela al gran jugador, sino a aquel que según la sabermetría es perfecto para nuestro equipo, a los adjuntos a las gerencias no se les pide convencer a las estrellas a base de dinero y satisfacer sus caprichos para que vistan su zamarra, no, ahora se trata de conseguir que alguien con un salario muy bajo nos aporte aquello que no tenemos.r

Como no podía ser de otro modo, el “todo es negocio” ha llegado a nuestro deporte, ya son lo de menos los anillos, alcanzar la postemporada, los récords positivos, ahora lo importante es la rentabilidad de la franquicia, los resultados económicos, algo de lo que es un ejemplo de libro lo que está sucediendo con los Marlins.

Por supuesto, cuando hablo de la evolución del entorno de las grandes ligas que debemos tomar como algo positivo no me refiero a la locura paranoide de un Rob Manfred empeñado en cargarse el juego, con unos dueños más preocupados por ahorrarse la pasta y un sindicato con las manos atadas, quien sabe si cobrando los frutos de una política no demasiado acertada en los últimos años. Un Rob Manfred obsesionado en ser el mayor protagonista del rey de los deportes.

Y por supuesto, estamos ante el año de Ohtani, no es que el “hombre orquesta” del béisbol japonés haya demostrado nada, no solo aquí sino tampoco en la tierra del sol naciente, simplemente se ha decidido que es el nuevo Babe Ruth y ya está.

Ninguna duda cabe de que es imposible que un jugador pueda compatibilizar en las actuales Grandes Ligas las funciones de pitcher y jugador de posición con éxito, pero de momento el de Cipango ya hace las delicias de NFLitas y amantes de la farándula deportiva.

Finalmente una triste noticia, será el primer año sin el Andrés Pajares del béisbol, salvo cambio de última hora, el eterno lanzador constituido en el gran ídolo de aquellos a los que les encanta los concursos de mates, los Touch Downs o como se llamen, y las peleas de la NHL no va a conseguir un contrato con los grandes, después de innumerables décadas. Descanse en Paz.