Cuando el partido siguiente es ganar o morir. Literalmente

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No hace tanto tiempo, cuando Ty Cobb era la estrella de un béisbol elemental y rudo, en una prisión del medio oeste americano, en mitad de la nada, tuvieron una idea para hacer aún más atrayente el deporte de la pelota. Alinearon para su equipo de la liga amateur a convictos sentenciados a la pena capital, prometiéndoles aplazar su destino si continuaban ganando partidos y ejecutarlos si el equipo perdía. Ganar o Morir.  Motivación primaria, en estado puro. No te gustaría ser ese jugador que deja caer la pelota del guante en la jugada decisiva.

Wyoming State Penitentiary All Stars

Suena medieval, pero solo hay que ponerlo en situación para concebir que algo así pudo ocurrir. Hablamos de principios del siglo pasado, pero en Wyoming, en ese tiempo, la forma de vida se parece menos a la actual y más a lo que ves en el Red Dead Redemption. Wyoming está al sur de Montana y al norte de Utah y Colorado, en la Norteamérica profunda. Es el estado menos poblado de Estados Unidos. Es enorme, tiene la extensión casi exacta de la mitad de España, pero su densidad de población es tan baja, que aplicada a España habría poco más de 1 millón de personas en vez de los 47 que hay realmente.

El libro “The death row all stars”, de Chris Enss y Howard Kazanjian, relata la historia documentada del penal estatal de Wyoming, hoy en día museo etnográfico. O más bien la historia de lo que allí ocurrió en 1911, cuando el entonces nuevo alcaide Felix Alston, decidió convertir la prisión en un lugar para la reinserción, en vez de un agujero donde esconder los errores de la sociedad. Entre las medidas que trajo, se incluía planificar sesiones donde los reclusos hicieran deporte. Y el deporte rey era sin duda el béisbol.

Cuando el partido siguiente es ganar o morir. Literalmente béisbol The death row all stars. Amazon
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Alston montó un equipo que incluía a tres violadores, un falsificador, cinco ladrones y tres asesinos, para jugar un partido fuera de la prisión. El rival eran los Wyoming Company Supply Juniors, uno de los equipos no profesionales más potentes de la zona y contra el que se enfrentarían en cuatro intensos partidos. El experimento fue un éxito, muchos aficionados fueron a verlos jugar y la prensa nacional tampoco se lo perdió. El que algunos criminales convictos fueran habilidosos deportistas, como el caso del jardinero derecho Joseph Seng, de alguna manera los humanizaba ante un público que acabó vitoreando sus nombres.

El evento fue cubierto por multitud de medios de la época, incluido el Washington Post. En el se relataba como Seng, culpable del asesinato del marido de su amante y con cita inminente en la cámara de gas, bateo para dos homeruns, uno de ellos con las bases llenas. La actuación de Seng fue, según el diario, lo más destacado de la victoria 11 a 1 de los Wyoming State Penitentiary All Stars, o los “Cons” (de convictos) como se les apodaba.

Ganar o morir

Después de ese primer partido, se corrió el rumor de que los jugadores eran amenazados con acelerar las sentencias si no rendían en el campo. Del mismo modo que su destino se ponía en standby si continuaban ganando. Esto incrementó el atractivo del evento y mucha más gente fue a verlos cada partido. También, como era de esperar, fue una oportunidad que no desaprovechó el mundo de las apuestas ilegales.

En realidad, fue George Saban, defensor de las causas de los ganaderos y condenado por un crimen de sangre, quien, como capitán del equipo, transmitió ese mensaje supuestamente de parte del alcaide. Explicó a sus compañeros las consecuencias irreversibles que tenían sus acciones en el campo, jugar bien significaba vivir más y los errores eran “malos para la salud” por decirlo suavemente.

Pero en realidad, Saban, que contaba con el favor del alcaide y de la comunidad ganadera, que poco más o menos pensaba que sus delitos estaban justificados, utilizó la situación para su beneficio desde el principio. Saban aprovechaba los permisos fuera de la prisión, fruto de su condición privilegiada, para convencer a todos los círculos de que los partidos de pelota eran a vida o muerte, cual gladiadores. Así además, estimuló el mercado de las apuestas e hizo todo el negocio que pudo con ellas.

Cuatro de cuatro

En el segundo partido que se organizó, el espectáculo tuvo mayor atención, y el mensaje que transmitió Saban hizo su efecto. Seng hizo 4 de 4 al bate mientras esperaba que su apelación para que le conmutaran la pena de muerte por cadena perpetua tuviera éxito. Volvieron a machacar por 11 a 1 al equipo contrario. Ganaron un tercero y un cuarto por paliza, eran invencibles y algo en su manera de jugar, de plasmar en el campo esa necesidad de vencer, encandiló a las masas.

Pero la apelación de Seng no fructificó. En el Estados Unidos de entonces, las ejecuciones por horca o en la cámara de gas tardaban solo semanas en hacerse efectivas y era ya evidente para todos que a Seng solo le mantenía en este mundo sus capacidades para el béisbol. Cuando estaba claro que las sentencias se estaban aplazando más de lo admisible, las presiones se hicieron insostenibles. Presiones ejercidas por las victimas, la justicia y el estado. Alston tuvo entonces que terminar con todo. Fueron solo cuatro partidos, cuatro victorias de cuatro.

Cuando el partido siguiente es ganar o morir. Literalmente béisbol Joseph Seng. Nypost
Joseph Seng. Nypost

La política tuvo mucho que ver, ya que el anterior alcaide, un empresario que era a su vez amigo de los políticos de la oposición, hizo llegar el asunto de las apuestas al gobernador del estado. Y ese fue el fin del equipo de los condenados a muerte. Los siguientes años se jugaron partidos con presos sin penas capitales, hasta que finalmente se sustituyó el béisbol carcelario por otras actividades. Seng fue ejecutado en mayo de 1912 en la cámara de gas, con honores en la prensa del condado, como si de una estrella del deporte profesional se tratara, asegurando que Seng caminó hacia su inevitable fin con entereza.

En un clinic sobre motivación en el deporte, se puede escuchar que algunos jugadores obtienen la fuerza para darlo todo, dependiendo del número de cifras de sus salarios. A otros les basta con la satisfacción del orgullo y la superación. Otros puede que rindan más cuando les acechen las criticas o la posibilidad de ser relegados. Pero nunca habrás oído algo similar a lo que pudo suponer para estos hombres, la influencia en su juego de la necesidad de ganar costara lo que costara. O visto de otro modo, de no perder, cuando seguir respirando dependía de ello.

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