Entrenar un equipo de la MLB

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Entrenar un equipo de la MLB no es como llevar un equipo de Fantasy, aunque algunos lo vean así.  No es mirar unos porcentajes de bateo y el lineup lo formará el que los tenga mejores, ni combinar el AVG, con el OBP y el Slugging, sacar una fórmula mágica y eso nos dirá cual es el mejor equipo.  Todo es mucho más complejo, enormemente complicado.

Cuando uno se acerca por primera vez a este juego no lo ve demasiado difícil, sacas a los mejores bateadores y a darle a la pelota lo más lejos posible, para poder alcanzar el mayor número de bases y conseguir llegar a anotar, a Home, a Casa.  Y mejor si le das lo suficientemente lejos para sacarla del campo, entonces no debes preocuparte de lo que corras, puedes ir andando, porque la anotación es tuya, y si alguno está en base conseguirás más carreras.  Pero eso no va así, no es una Fantasy donde los jugadores se ordenan por sus posiciones.  No es lo mismo tener buenos bateadores al principio que al final, ni poseer al jugador que se embasa antes o después del que tiene más potencia y lo puede sacar del campo, ni colocar la formación defensiva de forma aleatoria o dependiendo de si el bateador es diestro o zurdo, o de donde acostumbra a mandar más bolas…  El juego es complejo, por lo que entrenar todavía lo es más.  Cada día se debe aprender, cada hora, cada inning puede ser una lección para el futuro.  Y los números son importantes, cuantos más datos tienes más información posees y en teoría más fácil es tomar la decisión correcta, pero eso no lo es todo.  Ningún ordenador va a entrenar un equipo de la MLB, ni creo que lo veamos, de momento…

El pensamiento de Terry Francona, entrenador de los Cleveland Indians podría resumirse así: “Siempre miro el lineup y pienso que pueden hacer esos jugadores, entonces los miro en el vestuario e intento adivinar que es lo que realmente pueden conseguir.  Los miras e intentas vislumbrar lo que puede ocurrir y que te gustaría que ocurriera.  Y observo sus rostros para buscar en ellos si están listos para jugar.  En partidos descontrolados, que todo se sale del guión puede ser mejor el instinto que los números.”

Un equipo es como una gran familia, que convive muchas horas juntos, todos llegan a conocerse y observando día tras día puedes sacar muchas conclusiones.  Eso no ocurre únicamente en el deporte, en nuestro trabajo sabemos del humor que llega cada uno sólo por un pequeño gesto, si tiene un buen o mal día, si es el mejor día para hablar con el jefe o sería mejor dejarlo para otro momento.  Todo eso lo podemos trasladar a un equipo de béisbol, repleto de chicos de veinteañeros y algunos que pasan de los treinta -¿recuerdas como eras tú a los 20 años?  Como volaban las hormonas, como viajaba la cabeza, lo que te pedía el cuerpo-, pues todo esto lo mezclas con muchísimo dinero, unos egos enormes alimentados durante años -los jugadores que llegan a la MLB siempre han sido los mejores en la mayoría de torneos que han jugado, en su pueblo, su barrio, su ciudad, su Instituto, su Universidad, siempre escuchando “eres el mejor”, “eres el mejor”, “eres el mejor”…  Es complicado y adulto intentar racionalizar una afirmación que llevas escuchando desde que tienes uso de razón-.  Sumas a todo esto una vida “fácil” fuera del equipo, la fama, la adulación, las groupies, el buen titular del día anterior, la crítica feroz de hace dos días, el “meme” en el que eres protagonista hace tres.  Suma todo esto, entra en un vestuario y prepárate para jugar.  Evidentemente el humor que tendrás cada uno de esos días no será el mismo, probablemente durante el día no tendrás la misma motivación.  Y todos esos factores suman o restan.  Y con todo esto, tus números durante la temporada el entrenador debe decidir si juegas, y si lo haces en que lugar te colocará para batear.  O si hoy es el día para que salgas a pitchear.  O si ahora es el mejor momento para entrenar.

¿Os habéis fijado que todos vuestros amigos o amigas se casan normalmente cuando llegan a la treintena y los jugadores de la MLB mucho antes?  Estamos cansados de ver a jugadores de menos de treinta con uno o dos hijos que salen a celebrar los triunfos de su padre.  El hombre casado se queda más noches en casa que el hombre soltero, sé que hay excepciones que confirman la regla, y yo conozco varias, pero esta es una web de Béisbol.  Eso, en teoría les da una estabilidad fuera del campo que será buena cuando entren a este, pero es una teoría, y como muchas seguro que está llena de agujeros negros.

En el equipo están todos, el simpático, el triste, el uraño, el cerrado, el “raro”, el que todavía es más “raro”, el fiestero, el pícaro, el líder, el veterano…  Todos los personajes que quieras.  Si trabajas con mucha gente sabrás a que me refiero, no todos somos iguales, no hay ni mejores ni peores, sólo los diferentes.  Y con todo ese maremagnum de personalidades debe lidiar el entrenador y sus ayudantes.  Y estos también tienen sus personalidades, con sus filias y fobias, sus ideas preconcebidas, su forma de ver el juego que nunca coinciden al cien por cien.  Al jefe le das la razón porque manda, pero nuestros pensamientos son únicamente nuestros.

Entrenar un equipo de la MLB, uno de los trabajos más complicados de este planeta deportivo.

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