Campo de Sueños (1989). ¿Es esto el cielo? No, es Iowa

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Podemos hacerlo otra vez, como cuando recomendamos Fever Pitch. A lo mejor conseguimos hacer de es esto un serial, una sección o algo que se le parezca. Esta vez, sin intentar robar base, asegurando el paso con un clásico: «Campo de Sueños». Probablemente la película de béisbol por antonomasia, la que todo el mundo recuerda, para muchos una obra de arte, para los aguafiestas una fantasía algo sobrevalorada.

Han pasado ya treinta años, que se dice (y se lee) rápido, pero muchas cosas han pasado en este tiempo. La peor es que nos hemos hecho mayores, sin duda. De todos modos, la peli es bastante atemporal, eso es verdad, destila aroma ochentero,  pero no ha envejecido mal. Siendo objetivos, para mí la película tiene sus defectos, aunque por encima de todo, tiene esa magia que le hace especial.

Recuerdo que la primera vez que la vi, no me hizo mucha ilusión. El mensaje de nostalgia que intenta trasmitir, yo creo que no estaba en edad de recibirlo. No era ni mucho menos como por ejemplo “El mejor”, que salían los créditos finales y te apetecía coger un bate y una pelota. También he podido comprobar al volver a verla, que a mi mujer no le ha gustado nada, aunque no la culpo, quizá es un poco saturación de béisbol a estas alturas. Así que supongo que la magia que tiene «Campo de Sueños», es un poco como los jugadores de los White Sox que salían al campo de Ray Kinsella, que no todo el mundo los puede ver.

La peli trata de un agricultor esquizofrénico que oye voces. ¡Ah! Y sale Kevin Costner, James Earl Jones y Burt Lancaster en su última aparición en pantalla. Poco más se puede decir sin spoilear mucho el tema. Aunque, por otro lado, Burt Lancaster la palmó en el 94, a James Earl Jones no le queda mucho y Kevin Costner está muerto para mi desde que perpetró “Mensajero del futuro” y encima avergonzó a Tom Petty sacándole de alcalde. Así que ya ha prescrito esto, se puede destripar un poco, si no la has visto, continúa leyendo bajo tu responsabilidad o la de un tutor legal.

 

Lo que realmente cuenta, es la triste historia de alguien que se equivocó y pagó, y mucho, por ello. La historia de “Shoeless” Joe Jackson, jugador de principios del siglo pasado que fue apartado del deporte de por vida por amañar las series mundiales de 1919. Si, toca centenario de aquel incidente este año. Por cierto, shoeless significa descalzo, no calcetines, pero del doblaje hablamos luego. “Hubiera jugado por comida, hubiera jugado gratis” dice el personaje de Ray Liotta, plasmando lo devastador que es, que te prohíban hacer lo que más te ha gustado desde siempre.

No voy a entrar en si es una película-protesta y si Jackson era o no culpable de lo que se le acusaba. Por una parte, dijeron que jugó de vicio en aquellas finales, bateó .286 en los partidos que se perdieron y sin errores de fildeo. Por otra, dicen que se quedó el dinero de la estafa. El caso es que, de una manera u otra, es una triste historia que tiene muchos posibles paralelismos con otras facetas de la vida, una triste historia que, junto con otras subtramas, busca redención en la película.

El escándalo de los medias negras, como se recuerda aquel incidente, marcó la historia del béisbol, y levantó un rechazo frontal de este deporte hacia el mundo de las apuestas, que solo ahora, cien años después, parece que empieza a diluirse. Con motivo del impacto de «Campo de Sueños» se removió el caso y volvió a los tribunales. Incluso hace un par de temporadas, el comisionado actual Rob Manfred dio una opinión conservadora al respecto. Otra película sobre el propio hecho, aunque con menos gracia, es la también recomendable «Ocho hombres» (Eight men out) que se estrenó seis meses antes.

Todo esto se representa en un escenario pintoresco, un maizal en Iowa. Y aquí viene otra pausa para hablar de la serie de radio documental que lleva ese nombre. La recomendación dentro de la recomendación, la “subrecomendación”. Los creadores de la lata de maíz han parido un emocionante podcast sobre la historia del béisbol que te deja con ganas de más. Y más espero que esté por llegar. Si no lo has oído ya, nunca fue mejor momento que ahora.

Hay cosas que consiguen que «Campo de Sueños» no parezca una película redonda, como que no me cuadran los años. Se nota que la historia original es más para ubicarla en los sesenta. Que algunas situaciones son un poco forzadas y poco creíbles, pero esto es ya mas un problema habitual en el cine de antes. Pero, sobre todo el doblaje, y aquí es donde saco el pequeño gafapastas que llevo dentro, lo de Calcetines Joe me mata, y que James Earl Jones no suene mas a Darth Vader también. Diría incluso que el discurso final, por la traducción y el timing que le dieron, suena hasta tonto y ñoño en lugar de lo solemne del original.

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Un maizal en Iowa en google maps 

De todas maneras «Campo de Sueños» es especial, tiene esa magia que decía, envuelta en los sonidos de James Horner. Es además, una oda al béisbol, en la que hacen el típico comentario a la mala leche de Ty Cobb. En el que te dejan ver como era Fenway Park en los ochenta. Es decir, igual que ahora e igual que hace setenta años. Te ponen en pantalla a un Archie Graham, que si que existió. Hablan de como Wrigley Field fue el último estadio en poner focos, justo en el año en que la rodaban. De hecho, el “todos los estadios de ahora los tienen (focos), excepto Wrigley” de la novela original, cambió en el guion por “todos los estadios de ahora los tienen, incluso Wrigley”. Ese saltito de Costner en el montículo cuando la bola sale hacia el, viene de un Liotta que no tenía ni idea de coger un bate antes de hacer la película y es estupendo que lo dejaran en el montaje final. Pero sobre todo, lo que quedó para la posteridad, es el speech final de James Earl Jones, del cual me permito traducir unas líneas, no sacadas del doblaje, sino traducidas del original.

Y se dirigirán a las gradas y se sentarán allí en una tarde maravillosa, en mangas de camisa. Con asientos reservados para ellos entre las líneas de las bases, donde se solían sentar en su infancia, animando a sus ídolos. Y verán el partido, y será como si se sumergieran en aguas mágicas […] Este campo, este juego, es parte de lo que fuimos Ray. Nos recuerda a todo aquello que un día fue bueno y que también puede volver a serlo.

O casi mejor se puede escuchar de la voz del mítico Vince Scully en «Campo de Sueños», el narrador de los partidos de los Dodgers, desde los tiempos del Ebbets Field y autor de la ya clásica presentación al iniciar el juego en Los Ángeles: “It’s time for Dodgers baseball”.